“TENGO PIENSO, LUEGO EXISTO”

abril 21, 2010

Manuel Valdivia Rodríguez

caballosPor mero azar encontré una vez un breve texto difícil de encasillar. No era chiste ni refrán ni relato. Sea lo que fuere, era una pequeña flor del ingenio. El texto que hallé era este: “El caballo dijo: Tengo pienso, luego existo”, que parafraseaba la locución cartesiana que va rodando por el mundo desde hace trescientos años: “Pienso, luego existo”. Como es natural, quise compartirla con amigos y conocidos. Mi sorpresa fue grande al comprobar que algunos ni siquiera sonreían, simplemente porque no enten­dían la situación. Reparé entonces que para encontrarle el gusto al chascarrillo había que conocer siquiera lo esencial del pensamiento de Descartes. Había que saber, además, que la palabra ‘pienso’ alude al alimento de los equinos y no es otra cosa que ‘forraje’. Y, claro, si algo de eso era ignorado, no había manera de entender esa frase llena de fino humor. Lee el resto de esta entrada »

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ESA VEZ EN HATUCHAY

abril 21, 2010

Por Manuel Valdivia Rodríguez

“Sin el amor de la propia persona es imposible el amor al prójimo”

En “El Lobo Estepario”, de Hermann Hesse

Hace ya varios años, la “peña folclórica” más concurrida de Lima era la Peña Hatuchay, en el Rímac. Luego de franquear el enorme portón  y pasar por un zaguán de piso empedrado, se llegaba al amplísimo salón colmado de mesas y bancos de madera tosca. Este era un centro que invitaba a la amistad, en donde el parloteo de la gente obligaba a conversar casi gritando.

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LA MARCHA POR LA CANTUTA

abril 20, 2010

Manuel Valdivia Rodríguez

Abril de 1960 fue un mes nefasto para la historia de la educación en el Perú. En ese mes fue demolida una de las experiencias más notables de formación de maestros en América Latina. En efecto, por obra del Art. 87 de la Ley Universitaria N° 134171, promulgada por Manuel Prado, la Escuela Normal Superior Enrique Guzmán y Valle –La Cantuta- perdió la categoría universitaria que ostentaba hasta entonces y, por consiguiente, quedó sin la autonomía a que tenía derecho.

Apenas conocida la dación de esta ley, los docentes y alumnos de la escuela iniciamos una lucha en cierto modo parecida a la de David contra Goliat. No éramos más de quinientas personas que nos poníamos al frente de un gobierno todopoderoso. La Cantuta fue cercada por la policía, que no dejaba ingresar ni siquiera los víveres que necesitábamos. Las delegaciones de profesores y alumnos que viajaban a Lima tenían que cruzar el río Rímac por las noches. Pronto, la población de Chosica, los padres de los alumnos de la escuela de aplicación, los parientes de los estudiantes de la profesional que vivían en Lima, todos ellos mostraron de modo diverso su solidaridad. Pero al cabo de diez días tuvimos que dejar el local, y emprendimos una marcha de sacrifico hasta Lima. Llegamos el 22 de abril por la mañana al gimnasio de San Marcos, en el Parque Universitario, dispuestos a continuar la lucha, como en efecto lo hicimos, esta vez con el apoyo de los estudiantes de otras universidades.

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