APTITUDES QUE NO SE DESCUBREN

mayo 16, 2010

Manuel Valdivia Rodríguez

Tal vez por influencia de la hermosa campiña que la circunda, o por obra de su atmósfera clara y luminosa, o por la fuerza de una firme tradición cultural, el hecho es que  Arequipa ha sido siempre pródiga en pintores y dibujantes en extremo sensibles para la línea y el color. Uno de ellos fue Jorge Vinatea Reinoso, que nació en abril de 1900 y alcanzó a vivir solo treinta y un años.  Fue la suya una vida muy corta para el arte; pero suficiente para ubicarlo entre las grandes figuras del indigenismo peruano.

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ESA VEZ EN HATUCHAY

abril 21, 2010

Por Manuel Valdivia Rodríguez

“Sin el amor de la propia persona es imposible el amor al prójimo”

En “El Lobo Estepario”, de Hermann Hesse

Hace ya varios años, la “peña folclórica” más concurrida de Lima era la Peña Hatuchay, en el Rímac. Luego de franquear el enorme portón  y pasar por un zaguán de piso empedrado, se llegaba al amplísimo salón colmado de mesas y bancos de madera tosca. Este era un centro que invitaba a la amistad, en donde el parloteo de la gente obligaba a conversar casi gritando.

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LA LECCIÓN DEL REY DE LAS CENIZAS

abril 10, 2009

por Manuel Valdivia R. mozart1

Hace pocos años, la televisión mostró la imagen de un hombre paupérrimo que vivía solitario en una casucha de latas y cartones en un pedregal de Lima. Flaco, avejentado, tímido, de ropa raída y sucia, fue presentado como el Rey de las Cenizas –apodo que seguramente le inventó el locutor de la emisora. Su nombre real –así dijo llamarse- era Arturo Colán. Este hombre podía haber sido uno más de aquellos que viven rescatando de los basurales aquello que pueden canjear por unos céntimos. Pero no era uno más; era único. La televisión lo mostró porque este personaje tenía un radio a pilas, viejo y destartalado, que él cuidaba como un tesoro y que ponía a funcionar una vez a la semana para escuchar, embelesado, su programa favorito: el momento dedicado a la opera, que conducía Aurelio Loret de Mola. Ese fue el motivo del reportaje: un hombre extremadamente pobre gustaba de la ópera. Una vez por semana, caída ya la noche, acercaba el oído a su radio desvencijado para escuchar las melodías y las voces de la ópera, que seguramente sonaban fuera de lugar en el frío nocturno del pedregal. El hecho era tan insólito que alguien lo contó al periodista y así conocimos a Arturo Colán, el Rey de las Cenizas.

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