LA LECCIÓN DEL REY DE LAS CENIZAS

por Manuel Valdivia R. mozart1

Hace pocos años, la televisión mostró la imagen de un hombre paupérrimo que vivía solitario en una casucha de latas y cartones en un pedregal de Lima. Flaco, avejentado, tímido, de ropa raída y sucia, fue presentado como el Rey de las Cenizas –apodo que seguramente le inventó el locutor de la emisora. Su nombre real –así dijo llamarse- era Arturo Colán. Este hombre podía haber sido uno más de aquellos que viven rescatando de los basurales aquello que pueden canjear por unos céntimos. Pero no era uno más; era único. La televisión lo mostró porque este personaje tenía un radio a pilas, viejo y destartalado, que él cuidaba como un tesoro y que ponía a funcionar una vez a la semana para escuchar, embelesado, su programa favorito: el momento dedicado a la opera, que conducía Aurelio Loret de Mola. Ese fue el motivo del reportaje: un hombre extremadamente pobre gustaba de la ópera. Una vez por semana, caída ya la noche, acercaba el oído a su radio desvencijado para escuchar las melodías y las voces de la ópera, que seguramente sonaban fuera de lugar en el frío nocturno del pedregal. El hecho era tan insólito que alguien lo contó al periodista y así conocimos a Arturo Colán, el Rey de las Cenizas.

¿Cómo fue que se despertó esta afición? ¿Acaso era un hombre venido a menos, que antes había tenido alguna comodidad y que lo había perdido todo menos su amor por la música? ¿Acaso sucedió que buscando en el dial de su radio escuchó una vez, por mero azar, un trozo de música que lo encandiló para siempre? Eso no quedó claro en el reportaje y por ahora no importa. Lo que interesa es que, en medio de su miseria, Arturo Colán tenía un campito para su expansión como persona, una cuerda que lo ataba a las riquezas del espíritu, de las que podía gozar una vez por semana en horas de la noche.

Michéle Petit, investigadora francesa que ha trabajado en Asia, Africa, la India y América Latina (menciono a propósito la lista de las regiones que conoció), dice con mucha fuerza lo siguiente: “La pobreza material es temible porque se carece no sólo de los bienes de consumo que hacen la vida menos pesada, más fácil, más agradable; no sólo de los medios para proteger la propia intimidad, sino también de los bienes culturales que confieren dignidad, inteligencia de sí mismo y del mundo, poesía y demás intercambios que se entrelazan con esos bienes 1”.

Esta dualidad: estrechez económica y puertas cerradas a los bienes de la cultura, parece ser inevitable. Forma parte del círculo vicioso pobreza-falta de educación, y por eso debemos trabajar para que la pobreza sea vencida y para que se consiga una educación de calidad para todos, tareas colosales que comprometen al Estado y al conjunto de la sociedad. Pero dentro de ello como marco, los maestros, sea cual fuere el nivel en que trabajemos, tenemos una tarea más personal con cada uno de nuestros estudiantes: despertar en ellos el interés por lo superior, sea en arte, literatura, ciencia, tecnología, acción social, con palabras y acciones “pocas –como diría Octavio Paz- pero que abran lejanías”. Porque de nada serviría que por fin podamos conseguir mejores escuelas y mejor educación si no hay en cada persona una semilla de emprendimiento, un ansia por ser mejor, que justamente daría las fuerzas para aprovechar las oportunidades de educación que brindan el sistema educativo y la vida comunitaria.

Arturo Colán, el Rey de las Cenizas, nos enseñó eso cuando lo vimos asistir, emocionado, a la presentación de una ópera en el Teatro Municipal antes de que nuestra primera sala de conciertos se incendiara.


1. Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. México, FCE, 1999.

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6 Responses to LA LECCIÓN DEL REY DE LAS CENIZAS

  1. Hayku dice:

    buenisimo. Gracias por enseñarnos a valorar la educación.

  2. También forma parte de esa inusual imágen la belleza de la misma ópera, la voz de Pavarotti, la sed del espíritu de Verdi o de otros compositores que buscaban llegar al alma humana… Para eso la educación actual no aporta nada…

  3. César dice:

    Definitivamente la educación no esta de la mano con la instrucción que es la que nos proporcionan en las escuelas, la educación viene y debe ser así de los valores que los padres y una familia tienen que dar a sus hijos, es por este motivo y apreciando a este señor Colan humilde y sencillo que por ende esto solo implica una pobreza material mas no cultural y espiritual. Si en los colegios de ahora le dedicarían a ese curso de arte que hace 20años me enseño nuestra profe con un casette – que ya están desapareciendo- a escuchar a Beethoven, Bach, Mozart, chopin, Dvorak, Rossini, Verdi y tantos otros música que enriquece el alma y el cerebro si señores en vez de escuchar tanta tontería que crean ahora y que solo hacen daño al tímpano, este mundo estaría mejor. Saludos cibernautas.

  4. […] La pasión por la musica clasica no es un gusto exclusivo de la gente acomodada como nos lo hace ver Arturo Colán "El rey de las cenizas" […]

  5. joan huamán egas dice:

    Arturo Colán poseía una riqueza espiritual que se había cimentado con la tranquilidad que esta música le cultivaba en el alma.

  6. Ani Varillas dice:

    La nobleza del espíritu y del alma enriquecen al ser humano .
    La educación radica en la formación del ser humano en valores y en cultura.

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