SOSTENER, APOYAR, APUNTALAR

Manuel Valdivia Rodríguez

El diccionario indica que las palabras sostener, apoyar, apuntalar son sinónimas, lo cual quiere decir que pueden ser empleadas en forma más o menos indistinta. En pedagogía, no: apuntalar  tiene un sentido propio, y se refiere más bien a una manera de intervención del docente durante las actividades de aprendizaje de los estudiantes. Más aún, es la manera más aconsejable, muy distinta de aquella que se expresa en el verbo corregir.

El término apuntalar proviene del trabajo en minería o en construcción civil. Alude al acto de añadir un soporte para que una pared no se derrumbe o para que un techo feble se sostenga mejor. Es un acto de prevención. Si tiene un sentido tan material ¿qué hace en el ámbito pedagógico?

Es frecuente ver a los docentes –aun los más dedicados- estar atentos a los errores que cometen los estudiantes, sobre todo cuando se trata de texto escrito, una operación matemática, un dibujo, o cualquier otro parecido. Reciben los trabajos, los revisan y los devuelven llenos de marcas con tinta roja que señalan los yerros. Y si se trataba de un trabajo “para nota”, lo devuelven con la calificación respectiva: un 10 (en el mejor de los casos), subrayado o encerrado en un círculo como si el estallante color de la tinta no bastara.  ¿Por qué? “Porque el trabajo presenta muchos errores”. Frente a eso, al alumno no le queda sino encogerse de hombros y esconder el cuaderno en el fondo de su mochila, convencido de que es malo para las matemáticas o que no puede, ni podrá nunca, escribir algo presentable.

Detectar los errores de los alumnos puede ser útil para los docentes, puesto que son señales de alerta que orientan acciones futuras. Conocer sus errores, en cambio, ayuda muy poco a los estudiantes. Pocos, por no decir ninguno, los asumen como retos que impulsan una disposición por mejorar; pero todos los ven como una señal de fracaso. Por eso, la acción docente basada en el señalamiento de errores no resulta la más aconsejable.

Como casi todo en la vida, es mejor “prevenir que remediar”. Para tal efecto hay varias posibilidades: una de ellas es el apuntalamiento, que no es otra cosa que intervenir a tiempo para que el alumno no falle y venza la dificultad. Veámoslo con un ejemplo:

Escena gris:
Los niños están resolviendo un problema de matemática. Un niño llama a la profesora y le dice “¿Cuánto es tres por seis, miss? No me acuerdo”. La profesora le responde: “¿Tres por seis? ¿No lo sabes? Eso te pasa por no saber las tablas de multiplicar ¿Ves? Tienes que saber la tabla. No sé. Sigue pensando”. Y el chico se quedará pensando hasta que concluya la hora.

Escena clara:
La misma escena. El niño: “¿Cuánto es tres por seis, miss? No me acuerdo”. La profesora: “¿Tres por seis? A ver. Es como si dijeras tres veces seis. ¿No? Saca la cuenta”. El niño “Seis y seis doce… … y seis… dieciocho…  Entonces, seis por tres ¡dieciocho! Ya lo sé”. La profesora: “Claro que lo sabes. Ahora puedes continuar ¿no?”

En la escena clara se ve cómo la profesora “apuntala” el esfuerzo del niño. Le proporciona indicios suficientes para que el alumno tenga éxito en la pequeña tarea que lo perturba, para que no se equivoque. Apuntalar es eso, precisamente: proporcionar una ayuda oportuna para evitar el error y la tensión. No “dar” la respuesta; sino mostrar el camino. Un notable pedagogo francés, Roger Gal, miembro del Mouvement française pour l’école nouvelle, decía que la tarea del maestro era  “preparar para el niño la escalera del conocimiento y ayudarlo con victorias”. Eso es, justamente, lo que se busca con el apuntalamiento, palabra de origen modesto, sí, pero que cobra un nuevo valor cuando designa a todo aquello que se hace en el aula para que los alumnos tengan la sensación de éxito y superen con sus propias fuerzas –y la ayuda disimulada del docente- aquello que perturba su avance como estudiantes.

El apuntalamiento es distinto del andamiaje (el scaffolding de que hablaba Bruner), que es preliminar en la actividad de aprendizaje. El apuntalamiento es, como se ha visto, simultáneo a la actividad, y requiere del docente un estado de alerta frente a las dificultades que pudieran presentarse a los alumnos. No quedarán señales con tinta roja puestas en el papel; pero se formará en los niños una mayor confianza en sus capacidades, lo cual es parte de lo que todo maestro debe conseguir.

 

 

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3 Responses to SOSTENER, APOYAR, APUNTALAR

  1. César Vigo dice:

    Manuel, concuerdo en la necesidad de utilizar términos, como apuntalar o apuntalamiento, que expresen el interés que debe mostrar el maestro por reconocer los progresos o fortalezas más que las debilidades o errores del niño, y que éste es un tema relevante para el aprendizaje y el desarrollo de la autoestima. Pero, pienso que el término acompañamiento ya está cumpliendo está función y forma parte del lenguaje pedagógico.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Estimado César: El propósito principal de mi artículo era criticar un procedimiento demasiado frecuente entre los profesores: revisar los trabajos de los alumnos buscando los errores y señalarlos con rojo, a consecuencia de lo cual los chicos deben cumplir una tarea correctiva o sufrir un descuento en su nota. Y yo decía que más bien había que estar atentos para prestar una ayuda oportuna y evitar que los estudiantes yerren. Uno de los medios para que avancen sin tropiezos es el apuntalamiento. Imagina que un muchacho estuviera exponiendo un asunto y dijera: “… Debido a la temperatura de las aguas, en nuestro mar abunda el … abunda el… el… (“plancton”, le dice el profesor). Entonces el alumno sigue: “Sí, plancton, sí. Entonces, como el mar peruano tiene una temperatura especial, abunda el plancton, y gracias a que abunda el plancton pueden existir muchas especies de peces… Por eso se dice que nuestro mar es muy rico”. En este caso, la intervención del docente ayudó para que el alumno recordara lo que necesitaba. El profesor, “apuntaló” a tiempo la exposición del alumno y este consiguió su concluirla con éxito. Como vez, el apuntalamiento es distinto del acompañamiento, que es una acción prolongada a lo largo de un proceso. Pero como es una cuestión de términos, hay mucho por decir todavía. Un abrazo.

  2. Lionel Vigil dice:

    Estimado Manuel,
    Gracias por el articulo: sostener, apoyar, apuntalar que considero, contribuye a la reflexión pedagógica en estos tiempos en que frente al desbordaje de la tecnología en la educación, se pone en tela de juicio (en la más de la veces con razón) el rol del docente. El artículo me hace reflexionar sobre la importancia en estos tiempo de que el docente no se olvide de los métodos reflexivos como la hermeneutica (el arte de explicar, traducir o interpretar) como parte de su práctica pedagógica que debido a una mala interpretación ha sido tomada como el método que se opone a la ciencia. Nada más falso. Cada concepto abstracto para el niño o difícil para los adultos debe ser explicado con este método. Con mayor razón en la educación que es una práctica explicativa y reflexiva por antonomasia. El ejemplo sirve para ilustrar lo que es una práctica docente tradicional (y sus efectos en la motivación de un niño) y otra que es pertinente y efectiva para el aprendizaje que ayuda no sólo en el aprendizaje del niño, sino también en la efectividad de la prácitca docente. Más que conocimientos (que no niego son necesarios), el docente puede hacer efectivo lo que sabe, lo que domina si lo hace reflexionando lo que hace, con una actitud diferente en su relación con los alumnos.
    Saludos
    Lionel

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