LA LECTURA Y EL CONOCIMIENTO IMPLICITO DE LA GRAMÁTICA

Niños conversando en aulaEl dominio de la lengua es uno de los factores que intervienen en el aprendizaje y desarrollo de la lectura. El vocabulario, la pronunciación, la entonación, la gramática concurren de modo diverso en las operaciones que se ejecutan en el acto de leer y lo hacen desde las etapas iniciales del acercamiento a la lectura. Entre esos aspectos, el manejo de la gramática de la lengua en que se aprende a leer es fundamental sobre todo para la comprensión de los contenidos. Para mostrar cómo interviene la gramática en favor de la comprensión propongo a los lectores una pequeña experiencia: les pido que lean el texto siguiente y respondan luego algunas preguntas:

“En el trimaso, las cambiras jamugan capúas. Después, las tariman o las tominan”.

Las preguntas son estas:

  • ¿De quién o quiénes se habla en el texto?
    ¿Qué hacen las cambiras?
    ¿Dónde?
    ¿Qué hacen después con las capúas?

           ¿Pudo el lector responder las preguntas? ¿Diría que ha comprendido el texto? Puedo imaginar que lo asaltan algunas dudas para contestar. Sí, parece haber comprendido algo del texto, aunque no del todo. Algo ha averiguado sobre las “cambiras” pero no mucho, pues ignora qué o quiénes son. Pero ha entendido siquiera parcialmente lo que se dice sobre ellas ¿Cómo ha conseguido hacerlo en un texto que contiene muchas palabras que ignora? Lo ha logrado porque ha puesto en juego su conocimiento gramatical  y eso le ha bastado. La palabra “trimaso” no le habría dicho nada, pero las partículas que estaban antes “En el..” (que son elementos con función gramatical) ya le anunciaron que algo iba a pasar en un lugar, porque con ellas se formó un circunstancial (“En el trimaso, …”). El artículo “las” advirtió al lector que venía un sustantivo femenino plural constituyendo el sujeto de una oración (“las cambiras…”) el cual hacía esperar un verbo (“…jamugan…”), que, por los rasgos gramaticales que muestra, habla de algo que sucede  en un tiempo presente.  En la segunda oración, el pronombre “las” hace referencia a las “capúas” de la primera oración, denunciando además su género: femenino. Además… No. No vamos a seguir. Lo mostrado basta para probar que el conocimiento gramatical de la persona interviene en la lectura; en consecuencia, el lector necesita tener competencia gramatical para leer. Y esta competencia es tal que entra en juego inconscientemente, en milésimos de segundo, para permitir la construcción de significados correspondientes a los que porta el texto.

         La intervención del conocimiento gramatical en la lectura tiene una importancia especial pues gracias a ese conocimiento el lector arma unidades significativas con elementos que ve sueltos (las palabras del texto).   Obsérvese, por ejemplo, que el texto “La – familia – vive – en – una – casa –pequeña.” aparece ante los ojos del lector como una serie de palabras sucesivas. Para proceder a la lectura, él lector no las lee en cadena sino que construye mentalmente frases y recién entonces  puede acercarse al significado: “La familia /vive –en una casa pequeña”. Ese proceso no tiene que ejecutarlo cuando escucha pues quien habla profiere las frases ya armadas, que refuerza con la entonación:  “Hijo – mira – te traje el cuaderno”. Pero al leer sí debe hacerlo. El tendrá que construir las frases que conforman el enunciado y para ello se valdrá de su conocimiento gramatical.

               En la lectura, la competencia gramatical no interviene sola. Trabaja conjuntamente con el conocimiento del léxico. El texto que nos sirvió para la experiencia inicial (“En el trimaso, las cambiras jamugan capúas. Después, las tariman o las tominan”.) permaneció incógnito a pesar de que pudimos intuir vagamente su contenido por obra del conocimiento gramatical. Veamos lo que sucede ahora que remplazamos las palabras incógnitas por otras conocidas:

           “En el bosque, las ardillas recolectan semillas. Después, las consumen o almacenan”.

              Ahora sí está claro lo que dice, porque sobre el sustrato que tendió la gramática se le ha sumado el conocimiento del léxico. No se necesita más para probar cómo la competencia gramatical y el conocimiento del léxico van de la mano, y que ambos son mutuamente necesarios[1] para apuntar a la eficiencia en la lectura.

Tres corolarios…

Primero.- Para iniciar la enseñanza y aprendizaje de la lectura conviene esperar hasta que los niños tengan un  manejo suficiente de la gramática[2] de su lengua. Este manejo suele ser alcanzado hacia los cinco o seis años en la mayoría de los casos. En consecuencia, esa es la edad propicia para que se inicie la aproximación al lenguaje escrito.

              La adquisición de la gramática de la lengua materna no precisa de una enseñanza explícita. Es producto del proceso de apropiación de la lengua, que el niño realiza de un modo que maravilla durante la primera infancia, solo escuchando y hablando en el entorno familiar y amical en que vive. Se sabe bien que el niño es el actor principal de esta apropiación. Desde el nacimiento  y aun antes va procesando lo que escucha y va descubriendo por su cuenta los mecanismos de su lengua (sintácticos, morfológicos, prosódicos, semánticos) sin que nadie se lo enseñe; después, los asienta y refuerza al dirigirse a los demás con los medios verbales que poco a poco va dominando.

                   El aprendizaje de la lectura tiene su base en el manejo de la lengua que ha alcanzado el niño hacia los seis años de edad. Después, la lectura –y la escritura-, si son bien llevadas, van actuando sobre el uso de la lengua. Se produce así una sinergia saludable, que al cabo de los años arribará en un empleo desempeño eficiente del lenguaje oral y del escrito.

Segundo. Si la lectura tiene entre sus bases el manejo de la gramática y el conocimiento de léxico y ambos le son preliminares, es importante proporcionar ocasiones para que estas dos esferas de la lengua se enriquezcan. Estas ocasiones se producen en los eventos orales en los que participa el niño. El hablar a los niños y el darles oportunidad para que ellos hablen debiera constituirse en una tónica principal en la escuela, particularmente durante la educación inicial pero también en la escuela primaria. No se trata sin embargo de fomentar el parloteo y la conversación elemental sino de ir más allá, hacia el diálogo, el comentario, el relato, la exposición de opiniones y necesidades, tanto por parte del maestro, de los compañeros y de ellos mismos. De este modo, hablando y escuchando –hablando y escuchando reflexivamente-, el empleo de la gramática de su lengua se irá haciendo más fluido y variado, y con ello se estará avanzando en su formación como lectores.

Tercero. La enseñanza y aprendizaje de la lectura tienen que reposar en la lengua materna de los niños, que es la lengua en que ellos se expresan y realizan los procesos cognitivos (recordar, reflexionar, observar, etc.). Es impensable que los niños lleguen a leer si se intenta que lo hagan en una lengua que ignoran o que manejan en forma incipiente.

                 Lo que acabamos de decir no tiene objeción en nuestro país tratándose de niños que hablan castellano desde la cuna; pero lamentablemente no llega a ser aceptado para los niños que hablan lenguas indígenas. Muchos padres, profesores y autoridades del sistema educativo todavía se resisten a aceptar que los procesos educativos deben ser iniciados en la lengua que hablan los niños, a pesar de que esto no impide que después la educación continúe en forma bilingüe. Esta resistencia en algún momento tendrá que ser vencida, y lo será en favor de los niños y niñas que hablan lenguas distintas del castellano pero igualmente ricas y completas.

… y una aclaración

              Cuando hemos afirmado que el aprendizaje de la lectura se basa en la competencia gramatical de los niños no estamos proponiendo que se deba incorporar la enseñanza explícita de la gramática en el currículo de la educación inicial y de los primeros grados de la educación primaria. Basta con el aprendizaje inconsciente que realiza el niño al apropiarse de la lengua materna, que lo lleva a tener un saber implícito de la gramática[3].

[1] Si afináramos el análisis llegaríamos a mostrar que también media el conocimiento de la prosodia, pero ya no vamos a llegar a ese punto.

[2] Surge aquí la pregunta inevitable: ¿Qué o cuál es ese “manjeo suficiente”? Es poco menos que imposible definir los alcances de la frase. Diremos, sin embargo, que es un nivel capaz de ser medido indirectamente. Si el niño comprende lo que se le dice en forma puramente verbal (sin gestos y sin indicaciones materiales); si el niño se expresa con enunciados completos y comprensibles y sin vacilaciones se podrá pensar que tiene un buen manejo de la gramática. Si se vale solo de palabras sueltas, si tiene que señalar, si le es difícil construir enunciados completos, podremos decir que aún le falta la competencia debida (gramatical, léxica, etc.).

[3] Me apoyo  para este efecto en los conceptos del filósofo y pedagogo español José Antonio Marina, que actualmente es figura descollante en el estudio de la inteligencia y la creatividad. Dice Marina: “Por eso hemos dicho muchas veces, con toda seriedad aunque parezca una broma, que nuestro cerebro es m´s listo que nosotros. Nuestro saber implícito es más amplio que nuestro saber explícito. Hay muchas cosas que sabemos hacer, pero que no sabríamos explicar” (El aprendizaje de la creatividad, 2013)

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One Response to LA LECTURA Y EL CONOCIMIENTO IMPLICITO DE LA GRAMÁTICA

  1. técnicas para poner en practicas, excelente material

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