VOLVER A LA ESCUELA: NECESIDAD DE UNA ETAPA DE RECUPERACIÓN

Manuel Valdivia

Una situación dramática
No necesitamos ojo de águila para intuir que tanto el sistema educativo como el aprendizaje de nuestros niños y adolescentes están quedando seriamente lesionados por causa de la cuarentena a que nos ha obligado el COVID-19. Por más de año y medio las puertas de las escuelas han permanecido cerradas; los estudiantes han tenido que someterse a un régimen pesado de sesiones en casa, los docentes han multiplicado sus esfuerzos atados a los hilos frágiles de la Internet y los padres, también obligados a pasar tiempos inacabables en el hogar, han sufrido la frustración de no poder ayudar a sus hijos como hubiera sido necesario.

Sin embargo, las escuelas abrirán sus puertas
Tarde o temprano, el Covid 19 irá encogiendo sus garras y comenzará a ser posible que las aguas vuelvan a su cauce cuando comience a instalarse lo que se ha dado en llamar la nueva normalidad. La vida escolar irá recobrando aliento. Los alumnos volverán a las aulas, pero no, como dice la canción infantil, “cual bandadas de palomas que regresan al vergel”.  No. Todo será distinto.

Algunas instituciones reiniciarán las labores; otras todavía no. Los alumnos regresarán, pero no todos al mismo tiempo; lo harán por turnos o tal vez con horarios distintos; ni siquiera irán con el mismo ánimo, con el mismo estado emocional. Y, es seguro, irán con diferentes niveles de aprendizaje según lo que hubieran conseguido en meses y meses de trabajo no siempre fructuoso.

No habrá una sola respuesta
Frente a la enorme diversidad de situaciones y condiciones en que se hallará nuestra educación, no podrá haber una respuesta uniforme. El Ministerio de Educación no podrá dictar medidas que todos deberán cumplir como mandato obligatorio. No sería sano que lo haga.  Y tampoco será factible una libertad completa, para que cada busque el camino que le convenga para llegar a la meta. El “sálvese quien pueda” solo es útil cuando la batalla está perdida.

Una etapa de recuperación
Por lo pronto, es preciso atender a la recuperación de los aprendizajes, tarea esta que no podrá dar frutos en poco tiempo. Se requerirá de una etapa de recuperación, ni breve ni extensa: digamos, una que abarque el tiempo próximo (quizás desde los meses finales de presente año hasta terminar el año escolar del 2023).

Adaptación del currículo para la recuperación
Para este efecto, puede convenir que el MINEDU construya, a partir del currículo vigente, uno destinado a orientar el trabajo en este período de recuperación. Después de todo, una de las características esenciales de todo currículo es ser flexible y diversificable (flexible para responder a las características de los educandos, diversificable para tomar en cuenta las características de las realidades donde se aplica). El currículo actual conserva estas características.

No sería la primera vez
Una medida como esta no sería tomada por vez primera en nuestro país.

Al comenzar la Reforma Educativa de los 70’ se pensó que el currículo de Educación Básica Regular no podía -ni debía- ser aplicado al mismo tiempo en todos los ciclos del nuevo sistema. Debía ser incorporado progresivamente, ciclo a ciclo. Y mientras tanto seguirían siendo aplicados los programas de estudio (así eran llamados) del sistema que se dejaba. Fueron producidos entonces los Programas Adaptados de Educación Primaria y de Educación Secundaria, que conservaban parte de lo anterior, pero introducían elementos nuevos. Uno de ellos, por ejemplo, fue la planificación por Unidades de Aprendizaje, antecesoras de las Unidades de Experiencia.

Años después, se produjo una huelga magisterial que se prolongó tanto que estuvo en peligro la culminación del año escolar. Entonces, la Dirección de Educación Básica Regular hizo público un cuerpo de objetivos básicos, seleccionados de la estructura curricular de entonces.

Los actores de la tarea
A partir de un currículo de recuperación, y siguiendo las normas flexibles que el MINEDU emita, serán los docentes -que conocen de primera mano la situación de sus alumnos y los resultados de la educación a distancia- quienes organicen el trabajo pedagógico de sus instituciones. Pero no solos, individualmente, sino en equipo, estructurando el proyecto educativo de su institución.  Este no será un documento para mostrar a la UGEL, sino el compromiso que suscriben frente a sus alumnos y frente a ellos mismos.

COMENTARIOS INMEDIATOS DE LOS LECTORES

Varios amigos comentaron este artículo cuando lo envié por correo electrónico en el mes de agosto. Con permiso de sus autores, reproduzco tres de esos comentarios, que añaden valiosos conceptos a lo expuesto

De Jaime Tejeda Navarrete:

Estimado Manuel: Recibe un saludo fraternal. Te felicito por tu reflexión sobre la situación educativa y específicamente la curricular en nuestro país. Te escribe un docente de aula que vivencia las experiencias de la educación a distancia y específicamente el trabajo remoto con los estudiantes y familias. Efectivamente, los resultados obtenidos en las experiencias pedagógica que estamos viviendo a propósito de la pandemia no son nada alentadores y existe un desnivel en los resultados de aprendizajes de los estudiantes.

Creo que la salida que planteas de proponer un currículo de recuperación, siguiendo las normas flexibles que el MINEDU emita, es una propuesta pertinente. Pues, como lo señalas, son los docentes -que conocen de primera mano la situación de sus alumnos y los resultados de la educación a distancia- quienes deben organizar el trabajo pedagógico de sus instituciones en el marco de un trabajo cooperativo y colegiado, estructurando el proyecto educativo de su institución y específicamente el proyecto curricular institucional. Estos instrumentos tranquilamente se puedan mostrar a la UGEL, pero en especial se deben compartir con las familias, estudiantes y los propios docentes y directivos asumiendo un compromiso colectivo con las familias y frente a ellos mismos. Creo que cada institución educativa debe aprender a ser más autónomo en sus decisiones y no ser muy dependiente del MINEDU. La dependencia de las decisiones, en especial las curriculares, del MINEDU en los últimos años nos ha hecho mucho daño. Le ha quitado a los docentes y las instituciones en general creatividad, criticidad y con ello capacidad innovadora. 

Muchas gracias por tus reflexiones, tus ideas han reconfortado mi punto de vista sobre la coyuntura educativa que estamos viviendo.

De Kennet Delgado Santa Gadea:
Buena idea amigo Manuel, pero quienes estaban en 4° y 5° de secundaria (además de los que abandonaron) el año pasado, ya no tendrán esa recuperación; los que terminen la secundaria este año tampoco, ni los que están en 4° grado de secundaria. 

De Nelly Cáceres Mayor:
Querido amigo: Como siempre, felicito y agradezco tu permanente compromiso y preocupación por la educación. Estoy de acuerdo en lo que planteas. 

Se requiere que el MINEDU elabore, en el más breve plazo, un documento curricular basado en el currículo actual priorizando las competencias y capacidades imprescindibles a lograr por los estudiantes, para orientar el trabajo de recuperación de los aprendizajes insuficientemente logrados o no logrados durante estos dos años.

Sobre la base de este currículo actualizado, los docentes en equipo por I. E. podrán estructurar el proyecto educativo (de emergencia) del colegio. El tiempo de duración dependerá de las necesidades de aprendizaje que se evidencien.

Algunos puntos que creo pueden reflexionarse:

  • Por el escaso tiempo con el que, probablemente, dispondrán, se requeriría enfatizar en aspectos básicos como: comprensión lectora, producción de textos, razonamiento lógico y matemático, que son útiles y aplicables en innumerables situaciones de la vida cotidiana.
  • Para la ejercitación de la comprensión lectora puede emplearse textos de diversa temática de las otras áreas curriculares. Igualmente, la producción textual puede hacerse de esta manera.
  • Las situaciones problemáticas (problemas matemáticos) pueden abordarse desde las experiencias familiares experimentadas durante la pandemia.  
  • Me atrevo a sugerir que al documento elaborado por los docentes se le nombre «proyecto de recuperación de emergencia» para evitar confusiones con el proyecto (formal) de la I. E.

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