LOS DOS ROSTROS DE LA LECTURA

Manuel Valdivia Rodríguez

Dios JanoEn la Roma antigua era venerado el dios Jano. Dios de los comienzos, de aquello que se iniciaba, su fiesta se celebraba  en el primer día del año (De su nombre deriva, precisamente, la palabra ianuarium, que con el tiempo dio en nuestro “enero”). Jano era representado siempre con dos rostros que extendían sus miradas en direcciones distintas. Esta imagen mitológica puede hacer visible la naturaleza de la lectura, que, siendo un solo proceso, a medida que progresa avanza en dos direcciones, consanguíneas en algunos aspectos, pero diferentes en otras: la lectura de textos literarios y la lectura de textos funcionales.

Estas dos lecturas son diferentes. Lo son, primero, por la intención del lector. Cuando  emprendemos la lectura de un texto literario predisponemos nuestra sensibilidad para buscar una delectación estética. Sea que se trate de un poema, de un cuento o de una novela, leemos para gozar de la belleza que nos entregan. Buscamos descubrir lo que dicen, sí, pero  valoramos la forma como lo dicen. En cambio, cuando enfrentamos un texto funcional (sea una noticia, un ensayo, un informe de investigación o una página de un texto escolar) lo que pretendemos es aprehender su contenido, sin juzgar el estilo o las maneras verbales pero poniendo la lupa sobre el contenido. La búsqueda que realizamos es, en este caso, un esfuerzo más bien frío de la razón.

Ambas lecturas son diferentes también por las características intrínsecas de cada texto. Los textos literarios son obra de la imaginación; toman elementos de la realidad para usarlos solo como ingredientes en la creación de algo nuevo, absolutamente original; emplean la lengua que nos es común, pero sacándola del quicio, rebasando sus límites, hallándole sentidos inusuales. En cambio, los textos funcionales buscan ser fieles a la realidad, para describirla o evaluarla, buscando ser siempre objetivos; y por su parte hacen de la lengua un instrumento de precisión casi quirúrgica para exponer más que para expresar.

Como Jano, la lectura es también un ser bifronte, que debe tener presencia en la escuela, en sus dos formas: los niños precisan de la belleza de los textos literarios y requieren también de la objetividad  de los textos funcionales usados en las diversas áreas del currículo. Y deben estar presentes también porque hacen posible el desarrollo de capacidades intelectuales distintas y el aprendizaje de estrategias apropiadas para cada caso.

En nuestra educación primaria se lee relatos (cuentos, fábulas, leyendas) y, muy de vez en cuando, se disfruta de poemas; pero no se lee textos funcionales, no se los examina y procesa en el aula como debiera ser para que los alumnos aprendan de ellos y aprendan también a trabajar con ellos. Su lectura pasa a ser tarea para el hogar, para la ejecución de tareas o para la preparación en vísperas de una evaluación. La lectura de narraciones literarias probablemente deja una huella formativa en los niños, pero esta no puede ser transferida a los textos funcionales. No porque se lea leyendas y mitos se leerá mejor un teorema matemático o la descripción de un experimento. El Plan Lector invita al descubrimiento de creaciones literarias pero no ayuda a la lectura de textos de ciencia o de historia.

En la educación secundaria, sucede algo parecido. La lectura es entregada a la responsabilidad del profesor de Comunicación, y este debe intentar la formación de los estudiantes en las dos esferas que la conforman. Los profesores de las otras áreas no sienten que tienen responsabilidad en este terreno, y lo dan por sabido y trajinado[1].

Si se reconoce que la lectura va por dos carriles, conviene que esto quede bien claro tanto en el trabajo docente como en las recomendaciones didácticas y las normas que dicta el currículo[2]. Como Jano, que avizora dos direcciones, una toda luz, otra llena de interrogantes que hay que vencer, nuestros estudiantes tendrán mejores armas para su vida intelectual.

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[1] Este planteamiento no es nuevo. Si hay que fijar una fecha, se puede mencionar el año 1969, cuando la London Association for the Teaching o English, hizo público un documento muy preciso sobre la responsabilidad de toda la escuela británica en cuanto al desarrollo del lenguaje de los estudiantes: A language Policy across the curriculum. Un artículo que se puede leer con provecho, no obstante que habla de Canadá, es el de Bryant Fillion: Languaje across te Curriculum: http://mje.mcgill.ca/article/viewFile/7253/5192).

[2] Cuando se reajusten los documentos curriculares de nuestro país (DCN, Mapas de Progreso, Rutas de Aprendizaje) será conveniente que se defina bien qué se hace y hasta dónde se llega en cuanto a la lectura se refiere tomando en cuenta esta bifurcación. En el DCN y en la Rutas hay una leve distinción entre ambas esferas; en los Mapas se plantea una sola dirección.

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6 Responses to LOS DOS ROSTROS DE LA LECTURA

  1. rita vergara trujillo dice:

    totalmente de acuerdo, puesto que el estudiante en su vida cotidiana no solo se va encontrar con textos literarios

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      La entrada a textos funcionales todavía no está suficientemente implementada. Falta trabajar orientaciones para le lectura de textos de historia, de geografía, de matemática, etc., que son los que el estudiante va a encontrar en su vida académica. Gracias por su comentario, Rita.

  2. Omar Lopez dice:

    Las dos direcciones de la lectura están tomadas en cuenta en los textos de comunicación del ministerio, los he leído y revisado. Me doy cuenta que hay textos funcionales y también texto literarios.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Sí, están mencionadas, Omar. Lo que no se destaca es la diferencia de tratamientos. No se puede aplicar a un tipo lo que se aplica al otro. Este es un punto que, me parece, debería ser abordado con mayor profundidad. Saludos.

  3. carlos dice:

    la lectura de textos, un gran mal que esta presente en nuestra educación. Todos juntos trabajemos por el cambio.

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