DECODIFICAR NO ES LEER, PERO ES ÚTIL PARA LEER

Manuel Valdivia Rodríguez

Algunas personas que se ocupan del aprendizaje de la lectura afirman que “decodificar no es leer”.  Tienen razón; lo malo es que a partir de allí concluyen que en la escuela no se debe enseñar estrategias de decodificación. Desechan así uno de los recursos que posee el lector novel para enfrentar palabras que ve escritas por primera vez, y con ello lo dejan prácticamente desarmado.

Hay varias vías para el acceso a una palabra que se ve escrita por primera vez: una directa (el reconocimiento global) y algunas indirectas (la decodificación, la predicción, la inferencia). Estas vías entran en juego y se complementan naturalmente durante cualquier acto de lectura, aun en el caso de lectores expertos. Quiero mostrar parte de lo que digo con un ejemplo.  Pido al lector de este artículo que observe lo que sucede en su mente al leer el texto siguiente:

“La última vez que nuestra campeona mundial de box, Kina Malpartida, defendió su título, fue ante la boxeadora tailandesa Sriphrae Nongkipahuyuth”.

Puedo apostar “doble contra sencillo” que el lector se deslizó cómodamente durante la mayoría de las frases y que se detuvo ante el nombre de la deportista rival de Kina: Sriphrae Nongkipahuyuth. Es seguro que llegado allí hizo el intento de oralizar estas dos palabras aplicando el código de desciframiento castellano: s-ri-phra-e nong-ki-pa-hu-yuth. ¿Hizo mal? ¿Acudió a un procedimiento vitando? No. Hizo lo que convenía. Reconoció sin mayor esfuerzo casi todas las palabras del texto, aunque probablemente usó la predicción para terminar de leer las palabras menos frecuentes, como  ‘boxeadora’ y ‘tailandesa’; y cuando lo necesitó, decodificó las dos últimas palabras del texto (y no reconociendo las palabras letra por letra, deletreando, sino sílaba por sílaba, silabeando).

Pero en el sistema educativo peruano se desecha la decodificación por sílabas como si esta fuera un recurso diabólico. Desde que comenzó a ser aplicado el llamado enfoque comunicativo textual se expulsó de las aulas el conocimiento de las familias silábicas, tan regulares y permanentes en castellano. Se confió sin decirlo en el reconocimiento global, pero nunca se explicó cómo se llegaba a él,  y se añadió un raro procedimiento alfabético: fijarse en la primera letra de la palabra y hallar el parecido con alguna conocida (“Esa palabra comienza con la misma letra que mi nombre”). Y ahora, después de tres lustros de seguir con ese enfoque, nos quejamos, año tras año, al comprobar que apenas una quinta parte de los niños del tercer ciclo de EBR sabe leer.

No postulo una vuelta a los procedimientos silábicos. No. Comenzar la enseñanza de la lectura con la presentación de series silábicas es comenzar por elementos sin sentido, demasiado torturantes para el aprendiz y prácticamente inútiles. Ahora, gracias a lo que se sabe gracias a los aportes últimos de la sicología y las neurociencias, es posible disponer de alternativas metodológicas integrales, que combinan un trabajo con oraciones, frases, palabras, sílabas; que juegan con la relación recíproca entre la lectura y la escritura; que aproximan la lectura y la escritura a la construcción del conocimiento, que propenden al reconocimiento global pero confían en los procedimientos analíticos, y que están muy lejos de los procedimientos tradicionales. Lo malo es que son como formas en la sombra, porque las posiciones oficiales sostenidas en las últimas décadas han ido por una sola ruta, que ahora tendría que ser puesta en cuestión a la luz del ya permanente fracaso de los niños en los dos primeros grados de su educación.

Nos conviene esa revisión de la metodología. Lo que hemos hecho hasta ahora es culpar a los docentes, diciendo que no están capacitados para atender esos aprendizajes, o decir que los niños no tienen suficiente apoyo en el hogar, o afirmar, por último, que todo comenzó con la promoción automática de primer a segundo grado. Hemos buscado las causas por allí, dando por supuesto que todo estaba bien con el enfoque comunicativo, que, como lo dice la frase misma, es un enfoque, y no una metodología. El enfoque es aquello sobre lo que ponemos énfasis cuando emprendemos  un cierto empeño (Por eso se dice, por ejemplo, que el enfoque del gobierno está puesto en mantener el crecimiento económico). Y tal vez estuvo bien que, cuando a comienzos de los 90’ se buscó articular la educación inicial con los primeros grados de la primaria, se dijera que el enfoque del área de Comunicación era el comunicativo textual. ¿Cómo no estar de acuerdo con eso? En los primeros grados de la educación básica interesa que el lenguaje sea fortalecido como un medio en favor de la comunicación. Pero luego, en los años siguientes, este enfoque se encaminó por dos rumbos equivocados: por un lado, se lo concentró en el aprendizaje de la lectura y escritura, y por el otro, se lo extendió a toda la educación básica, cuando en los años intermedios y superiores de este nivel ya no es suficiente lo comunicativo y se hace necesario añadir un énfasis en lo cognitivo, aspecto tan importante como el otro,  y andar entonces sobre dos rieles que se enriquecen mutuamente. 

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