LA ENSEÑANZA DE LA LECTURA: UNA TAREA COMPARTIDA

Manuel Valdivia Rodríguez

Cada vez que en una escuela secundaria se examinan los problemas de aprendizaje de los estudiantes, es inevitable que se arribe al tema de la lectura. Cuando se llega ahí, los docentes de casi todas las áreas se quejan: los alumnos “no saben leer”, “no pueden hacer un resumen”, “no logran responder un cuestionario”,  etc. Entonces todos vuelven la mirada hacia los profesores del área de Comunicación, para pedirles –o exigirles- que hagan algo. Esta escena, tan frecuente, tan repetida, pone de manifiesto una de las causas de la deficiencia en lectura que evidencian los adolescentes: la concentración de la lectura en un área curricular –la de Lenguaje o Comunicación- y  la poca o nula intervención de los profesores de las otras especialidades en el fortalecimiento de una capacidad que tendría que ser de responsabilidad transversal.

Si se observa bien, en las clases de ciencias, de historia, de matemática, de arte o de educación religiosa, por lo general no se lee. La lectura queda prácticamente confinada a actividades fuera de aula, que los estudiantes deben realizar por su cuenta sin el acompañamiento de los docentes: prepararse para rendir un examen,  cumplir con una tarea individual, o simplemente leer  un cierto material y dar cuenta de que se ha cumplido con el encargo escribiendo un resumen o rellenado una ficha. En el aula, el trabajo es principalmente oral: el profesor explica asuntos que figuran en tu temario, los alumnos trabajan  en grupos dialogando para examinar un tema propuesto y arribar a conclusiones; algunos estudiantes señalados de antemano “exponen” algún tema, y así, siempre la presencia oral. O bien, si la tarea es escrita, trabajan para responder cuestionarios o cumplir en su casa con alguna asignación que ocasionalmente requiere de lectura. Pero leer, es decir tomar contacto con un texto, analizarlo, discutir su contenido,  producir esquemas que ayuden a entender mejor lo que dice, extrapolar lo que expone refiriéndolo a la realidad, construir versiones orales para apropiarse del contenido importante, hacer sumillas y preparar resúmenes, resolver problemas presentados por el léxico, construir glosarios y muchas operaciones más, eso no se hace. En consecuencia, los estudiantes no tienen en las aulas oportunidad de afianzar las capacidades de lectura correspondientes a su nivel ni poner en obra las estrategias para el aprovechamiento de los textos, que tal vez fueron presentadas en el área de Comunicación.

Lo que tendría que suceder es esto. Una vez que los estudiantes han superado las primeras fases de la lectura, debieran comenzar a utilizarla como recurso para la adquisición de información propia de las diversas asignaturas o áreas curriculares. Pero deben hacerlo con el acompañamiento de los docentes, no dejados a por su cuenta. Así, en lectura conjunta con sus docentes, aprenderían a escudriñar textos que tratan asuntos diversos, y que por ello mismo son heterogéneos. Los textos de las diferentes especialidades con que se trabaja en la escuela poseen características específicas tocantes a la forma de exposición, la estructura que sostiene las ideas, el desarrollo lógico de las proposiciones, hasta al lenguaje que se emplea[1]. Estas características diferentes hacen obligatoria una formación especial para trabajar con los textos de la especialidad y obtener el provecho que se espera.  Y así como su forma y contenido son peculiares, también lo es la manera en que deben ser procesados. La lectura de un texto de matemática no es lineal: la mirada se posa alternativamente en el texto y en los gráficos, en las fórmulas o en las operaciones; tampoco es continua la lectura en ciencias naturales, puesto que el lector está obligado a constatar  las afirmaciones planteadas en el texto mediante el examen de las ilustraciones que generalmente lo acompañan o la observación de algún objeto real; los textos instructivos de formación laboral no se leen seguido sino que se los consulta a medida que se efectúan operaciones manuales. Cada texto ofrece un reto peculiar y obliga al empleo de estrategias y recursos especiales ¿Cómo podría encargarse de todo eso el profesor de Comunicación?

El profesor de Comunicación tiene a su cargo la formación en técnicas de lectura, la presentación de estrategias, la subsanación de hábitos inconvenientes, la exposición de asuntos de gramática textual, pero la concreción de todo eso en la práctica solo puede hacerse en la sesiones de las otras áreas y con la orientación de los profesores respectivos. Ellos son los que explican el vocabulario, orientan las interpretaciones, señalan lo importante, y al hacerlo, contribuyen al desarrollo de la lectura.

No estamos proponiendo que los docentes de las diferentes áreas curriculares renuncien a su papel principal, fuertemente comprometido con su especialidad, y se conviertan en profesores de lectura. Estamos diciendo que ellos deben hacer de la lectura una actividad de aula para el aprendizaje de los contenidos de sus especialidades. No la lectura como fin sino la lectura como instrumento de aprendizaje, puesto que, a fin de cuentas, los textos pueden ser una fuente de mucho más segura que la exposición verbal del profesor.

Desde la década de los 90 se habla en el mundo de la necesidad de que los alumnos “aprendan aprender”.  Esa no es otra cosa que apropiarse de las estrategias necesarias para ir ampliando su conocimiento en las múltiples direcciones que toma el aprendizaje en la escuela y fuera de ella. Entre estas estrategias se halla, en lugar de privilegio,  la lectura y el estudio a partir de textos. Y su formación no es solo responsabilidad de los docentes de comunicación: es tarea de todos, pero cada uno cultivando en su parcela.


[1] El léxico, por ejemplo, es propio de cada área. La palabra ‘raíz’ suena igual pero tiene un significado diferente según se halle en un texto de matemática, de botánica, de gramática o de historia. Hasta los conectores tienen un sentido distinto. La frase “en consecuencia” anuncia una acción en historia pero se adelanta a un proceso o un cambio en ciencias naturales.

15 respuestas a LA ENSEÑANZA DE LA LECTURA: UNA TAREA COMPARTIDA

  1. Javier dice:

    Excelente artículo, como siempre, que toca las llagas. Sin embargo, y tal vez esto sea una cuestión de pura semántica, yo diría que sí, los profesores de las otras áreas deberíamos ser profesores de lectura, con la salvedad que deberíamos ser profesores “de la lectura en nuestra propia área”, precisamente por haber diferentes registros y estilos de lectura involucrados. La riqueza de os diferentes enfoques es algo con lo que los profesores de Comunicación tienen que lidiar les guste o no, pero tal vez así podríamos empezar a romper los compartimentos estancos que son las áreas en la secundaria. Por alguna parte se tiene que empezar, y creo humildemente que es mejor empezar por una habilidad de la que carecemos que tratar de acomodar contenidos conceptuales, como en algunas partes – y no descaminadamente – se trata de hacer. Saludos cordiales.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Gracias, apreciado Javier. Usted lo ha dicho mejor. Su intervención deja más claro lo que quise decir: “…los profesores de las otras áreas deberíamos ser profesores de lectura, con la salvedad que deberíamos ser profesores ‘de la lectura en nuestra propia área’, precisamente por haber diferentes registros y estilos de lectura involucrados”. Estoy convencido de que esa es una de las rutas que debemos seguir para que mejore la lectura de nuestros jóvenes.Para que sea posible, los libros deben volver al aula, para ser trabajados allí como fuentes de aprendizaje. Igual, un saludo fraterno.

  2. Sara Isabel Castañeda Alarcón dice:

    Profesor Valdivia, doy fe que la lectura no solo es fuente de aprendizaje, sino también del desarrollo de las habilidades y destrezas comunicativas que todo ser humano debe potencializar, y qué mejor instrumento que la lectura. De esta forma no solo captamos conocimientos, sino aprendemos palabras por su contexto, nos apoderamos de ideas disímiles, mejoramos nuestra ortografía, es decir, todos los campos se ven afectados positivamente gracias a ella, Esto lo aprendí en la Diplomatura de Lectura que segúi con Ud. el año pasado. Muy buenos recuerdos y cariñosos saludos, siempre lo sigo a través de este blog.
    Sara Isabel Castañeda Alarcón.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Gracias por su testimonio. Si la lectura fuera solo una fuente de aprendizaje sería bastante. Pero, como usted dice, es mucho más. Sin embargo, para que los estudiantes puedan leer con las múltiples ganancias que usted menciona, deben saber hacerlo: deben saber leer, y eso solo es posible si la lectura entra a las aulas y se convierte en una actividad cotidiana. Un saludo cordial, Sara.

  3. Norma Violeta Cacho Guerra dice:

    Muy interesante el artículo, aprovecho la oportunidad para hacer reconocer que no todos los maestros tienen las mismas oportunidades para el manejo de estrategias para mejorar la lectura, es duro reconocer que muchas veces personas ajnas al Magisterio como: como los señores taxistas y/otras personas que estan fuera de las aulas tienen un nivel de lectura muy respetable, así como una buena escritura y nos preguntamos porqué no se desarrollan los hábitos de lectura, simplemente porque hay que empezar en la casa proporcionando materiales a nuestros hijos dede pequeños para desarrollar en ellos el amor a la lectura que vrdaderamente sea la lectura un placer.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Tiene razón Norma. El maestro no solo debe ser lector: debe ser un buen lector. Esta tendría que ser una de las condiciones de la docencia, que no se consigue sino con el cultivo personal.

  4. carmen Monroy G. dice:

    Estimado Manuel
    interesante el artículo y ojalá sea leído por muchos colegas y sobre todo se entienda que la lectura debe ser abordada (en su enseñanza me refiero) por todos. Coincides muy claramente con lo que dice Paula Carlino en su estudio sobre la lectura en estudiantes universitario, cada docente de especialidad debe enseñar a leer su materia, planteando el propósito de la misma y precisando el tipo de información que puedo extraer de ella. No es lo mismo leer un texto filosófico que uno teológico o uno científico. El día que entendamos que la lectura es una herramienta para aprender habremos superado los niveles académicos tan bajos en que nos encontramos. saludos cordiales, Carmen

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Sí, Carmencita. Creo que hay una vigorosa corriente en Hispanoamérica que apunta a fortalecer el papel de la lectura en la escuela. Paula Carlino tienen aportes notables en esta línea, y también en lo que atañe a la redacción, que considera como un proceso de construcción del conocimiento personal. Entender “que la lectura es una herramienta para aprender”- como dices- nos abrirá muchas puertas aun desde las aulas de la educación primaria. Esto será ver la lectura y la producción desde un enfoque cognitivo, lo cual nos enriquecerá mucho. Igual, un saludo afectuoso.

  5. José C. Reinaga dice:

    Apreciado Javier, permiteme hacer algunos comentarios.
    Considero que cada docente al inicio del desarrollo del curso que vaya a dictar, cual fuera deberia considerar la enseñanza de estrategias que el estudiante debe conocer, ello le permitirá registrar, resaltar e identificar informacion relevante sobre el curso.
    Tambien considerar estrategias que le permita evocar estos conocimientos de manera sistemática.

    Saludos

  6. Maura Ito de Vigil dice:

    Como siempre, mi querido Manuel, tu artículo pone el dedo en la llaga: que la mayoría de los estudiantes no saben leer. La pregunta del millón es ¿saben los profesores leer y escribir?.
    Da mucha pena, pero creo que no. En nuestros tiempos los chicos leíamos por imitación; es decir,en casa los mayores leían entonces lo hacíamos también porque había el material a la mano, y luego la escuela reforzaba o conducía este hábito.
    Creo que ahora todo está en manos del profesor sin importar la especialidad que tenga; éste debería ingeniarse para desarrollar técnicas que induzcan a la lectura en la forma más amena posible

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Tu pregunta sí es del millón, Maurita. El problema es que los profesores deben saber leer y escribir en un grado mayor que otros profesionales. Orientar la lectura frente a un grupo numeroso de estudiantes, cada uno con su parecer, con sus interrogantes, sus falencias, eso no es fácil. Y escribir no solo para los muchachos sino delante de ellos, como cuando se resume un texto, se toma nota de conclusiones, se registran aportes de los alumnos, etc., eso también es complicado, pues debe ser hecho al mismo tiempo que se dirige a un grupo no siempre callado y tranquilo. Los docentes debemos estar preparados para ello. Un gran abrazo, Maura.

  7. Maribel Parra dice:

    Estimado señor Valdivia, sus comentarios son muy acertados. Me parece que los maestros de las diferentes áreas deberían incorporar la lectura en el desarrollo de sus contenidos, pues quien mejor que ellos para manejar el tipo de texto que requiere su asignatura; además así la lectura se consideraría parte importante de toda la formación académica y no solo como una tarea de Comunicación.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Tiene razón, Maribel. Los textos de las diferentes áreas tienen características propias, y requieren de aproximaciones que solo los decentes especializados pueden hacer. El concepto que usted emplea: “formación académica” de los estudiantes, es de veras comprometedor. Y habla de una tarea ineludible. Muchas gracias por su comentario.

  8. Martha Piscoya Chirinos dice:

    Mi querido profesor, sus comentarios son muy acertados y es importante que cada docente incorpore la lectura en toda asignatura ya que esta va permitir el desarrollo de habilidades y destrezas comunicativas que es lo que debemos buscar en cada ser humano. Cuando hagamos la lectura como parte diaria de nuestra vida en los estudiantes dejaremos saldremos de los niveles bajos en los que nos encontramos.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Sí, Martha. En el fondo, no es mucho lo que se pide al sugerir que cada docente incluya, entre las actividades de su especialidad, la lectura de textos fuente de aprendizajes para sus alumnos. No se trata de que todo sea lectura sino que esta se integre con las otras actividades (observaciones, diálogos, lectura de imágenes, experimentos, etc.). Que sea una actividad más, tal vez la más importante, realizada con la orientación de los docentes. Adhiero a su esperanza. Con una medida tan sencilla como esta ganaríamos mucho.

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