¿Y LA POESÍA EN QUECHUA PARA NIÑOS? (Por la EIB)

Manuel Valdivia Rodríguez

Está en las librerías el libro de Julio E. Noriega Bernuy  Escritura quechua en el Perú (Lima, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, UNMSM, 2011). Es afortunado que este libro se encuentre en circulación, puesto que su historia no fue muy feliz. Escrito para el doctorado del autor en la Universidad de Pittsburgh, su publicación fue rechazada por editoriales de nuestro país; por eso apareció en Estados Unidos, publicado por la Universidad de Miami, luego de ganar un concurso internacional. Este es un hecho que podría darle la razón a nuestro Garcilaso, que una vez dijo “El Perú es madrastra de sus propios hijos. Y madre de los ajenos”.  Por fortuna, ahora podemos tener en nuestras manos un libro que da muchas luces sobre el asunto que trata, pero que nos deja un inevitable sinsabor, pues no menciona –porque no existe-  lo que podría ser una literatura en quechua para nuestros niños.

En vez de intentar una división cronológica para la historia de la literatura en quechua, Noriega Bernuy establece un eslabonamiento de tres etapas. En la primera, que se inicia con la Colonia, domina el discurso misionero-católico. “Mezcla de misticismo y animismo, confesión y dialogismo, su estructura combina formas de la tradición oral con las de la escrita y su realización incorpora el ‘taki’ indígena al ritual católico” (p.22). En la segunda, que se desenvuelve a comienzos del siglo pasado, aparece el discurso señorial- indigenista “cuyos cultores pertenecen al grupo de mestizos de la pequeña burguesía intelectual  provinciana y descendientes de terratenientes en decadencia” (p. 99). En la tercera, que se desenvuelve en las últimas décadas, ya casi en nuestros días, asoma el discurso poético migrante, caracterizado por una “poesía quechua de concepción ‘escrita’ pero arraigada en la oralidad andina” (Lienhard, citado por Noriega Bernuy, p.71). Mas, como una corriente soterránea, desde antes de la primera etapa existen el relato oral y la poesía de los cantos, que han sido recogidos en parte por investigadores de la literatura popular como Adolfo Vienrich, José María Arguedas, Francisco Izquierdo o los hermanos Montoya.

Al constatar la existencia de un caudal no lo suficientemente copioso  de narraciones y poemas en quechua, nos damos cuenta de que no hay creaciones del mismo género para deleite de los niños. En inglés existe una cantidad innumerable de poemas para niños, que van desde las nurcery rhymes hasta poemas de todo género que han venido cruzando los siglos hasta nuestros días con una vitalidad extraordinaria; en francés se puede hallar una relación inacabable de poemas de autor, una de cuyas cumbres es la obra de Jaques Prevert, todas escritas para niños; en castellano no se llega a contar la misma abundancia pero tenemos ya una colección de oro. Pero en quechua, en aimara, en las lenguas amazónicas no hay vetas que podamos aprovechar para compartir con nuestros niños la belleza que se desprende de la palabra.

Los niños necesitan de poesía en su lengua  para disfrutar del ritmo y de la imagen inherentes a los poemas en verso. Necesitan de relatos para recrearse con sus historias y personajes, pero contados en la lengua que hablan.  Hace ya mucho tiempo Luis Enrique López escribió un estupendo artículo para denunciar la poca pertinencia de lo que se enseñaba en las escuelas rurales y lo hizo después de escuchar con pena a niños que cantaban “Tingo ona muñica de vestedo azul”.  Desde entonces es poco lo que ha cambiado.

Lo reconozco: Comencé haciendo la reseña de un libro valioso y la pluma (el teclado en este caso) me ha llevado por otra parte. Sin embargo, no dejo el rumbo tomado porque quiero aprovechar lo dicho para reclamar a los escritores y maestros que hablan una lengua indígena un esfuerzo especial para recoger lo que hay –que debe haber- y sobre todo para crear poemas y narraciones para los niños, hablando de su lugar y en su lengua.  Debe haber una literatura para ellos. Noriega Bernuy recuerda que el estupendo movimiento literario habido en el sur andino a fines de la década de los 20 fue posible en parte por la existencia de revistas regionales como Huamanga, Unanchiri, Boletín Titikaka y Waman Puma, publicadas en Ayacucho, Cusco y Puno. Algo parecido debe pasar. La creación que se consiga no debe permanecer en el nivel de fotocopia. Se necesita de la participación de los organismos del Estado y las empresas privadas para promover la edición de poemas, narraciones, textos para teatro y títeres, no solo para ser leídos por los niños sino para que les sean leídos por los maestros y adultos de la comunidad. Se necesita de promoción a través de concursos, de talleres, de recitales, de lecturas públicas. Todo eso puede impulsar a nuestros creadores, que no deben mirar para fuera, sino hacia adentro, hacia los suyos. Los gobiernos regionales, las municipalidades, la Derrama Magisterial pueden ser promotores de un buen futuro para la palabra cargada de belleza. Pero son, sobre todo, las personas sensibles, atentas al espíritu que ronda en su cultura, quienes deben contribuir a la creación de un amplio movimiento favorable a la creación literaria en las lenguas que hablan los niños en nuestro país.

Una respuesta a ¿Y LA POESÍA EN QUECHUA PARA NIÑOS? (Por la EIB)

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