LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN PUEDE ESTAR A LA PUERTA

Manuel Valdivia Rodríguez

Durante el siglo pasado –en verdad, todavía cercano- se desarrollaron en el mundo muchas  experiencias de innovación pedagógica que derivaron pronto en lecciones ejemplares. Lo común a todas es no que les tomó mucho tiempo para que cobraran forma y comenzaran a irradiar luces que todavía nos llegan. Sobre la base de esas experiencias quiero decir que lograr un mejoramiento sustancial en las aulas y en las escuelas no tiene que esperar a la transformación de todo el sistema educativo, tarea que puede ocupar varios lustros.

Maria Montessori: La Casa dei bambini
Siete años antes de la Primera Guerra Mundial, en 1907[1], María Montessori se enfrentó a una tarea nueva para ella. Antes había trabajado con niños con discapacidad intelectual, y ahora debía hacerlo con niños que no mostraban esa discapacidad pero provenían de familias pobres del barrio de San Lorenzo, en Roma. Fue encargada de organizar una escuela para los niños menores del vecindario y ella cumplió fundando la primera “Casa dei bambini”. Montessori tenía una formación en que pesaron mucho los libros esclarecedores de Jean Itard y Edouard Séguin, precursores en la atención de los niños con problemas intelectuales, pero conocía bien el pensamiento de Pestalozzi y Froebel. Por ello, la “Casa dei bambini” revolucionó las maneras de trabajar con niños de tres a seis años, y las propuestas de Monsessori se extendieron al resto de Italia, a España, a Alemania y a los Estados Unidos. La “casa” del barrio de San Lorenzo estuvo pocos años bajo la dirección de Montessori, pero allí nació esta pedagogía del amor a los niños y la confianza en sus capacidades, que pueden ser desplegadas si se los rodea de un ambiente amable, material didáctico apropiado, tiempos de trabajo y tiempos de juego.

Anton Makarenko: La Colonia Gorki:
Pocos años después de que triunfara la revolución bolchevique rusa, Antón Makarenko fue encargado (en 1921) de dirigir lo que nosotros llamamos un reformatorio. Al cabo de un año, el reformatorio comenzó a ser la “Colonia Gorki”, un lugar donde adolescentes y jóvenes considerados la hez de la sociedad comenzaron a recobrar su dignidad como personas y a sentirse miembros de un colectivo que se gobernaba a sí mismo, no con las reglas del sistema, sino con los valores de solidaridad, disciplina personal, respeto a los otros y valoración del trabajo productivo. Cuando los jovencitos que recibieron al nuevo director con miradas torvas egresaron de la colonia con la frente en alto y preparados para desempeñar un oficio no habían pasado más de  cuatro años, que fueron suficientes para el cambio. Makarenko fue transferido a otra colonia, la “Colonia Dzerzinski”, pero con la experiencia ya lograda.

Celestin Freinet: La imprenta en la escuela
LA
Celestin Freinet fue trasladado  en 1928  a la escuela de Saint-Paul-de-Vence, una comuna en los Alpes franceses.  Su nuevo puesto le dio oportunidad para desarrollar ideas que había ido incubando en sus trabajos anteriores: la imprenta en la escuela, el texto libre, la revista escolar, la formulación colectiva de planes de trabajo, la organización de la biblioteca en función de los proyectos de los niños, las asambleas infantiles. Mucho de lo que ya está en el imaginario docente contemporáneo germinó en una escuela provinciana inserta en un sistema de educación rígido, memorista y centrado, como ahora decimos, en la palabra del docente. Lejos del estilo vigente, en esa escuela se consiguió que los niños pudieran expresarse en libertad y desarrollar su creatividad.

América Latina también puede mostrar experiencias excepcionales:

La escuela de Jesualdo
El pueblito uruguayo de Canteras del Riachuelo está asentado en una región minera, y como suele suceder en regiones como esa, las familias de los obreros eran muy pobres. Allí, a la escuelita del lugar, llegó un joven pedagogo formado en el pensamiento de la Escuela Nueva, Jesualdo Sosa, que pronto tuvo que luchar contra las directivas oficiales (y los inspectores de educación) porque lo que hacía contravenía las normas. Pero tenía que crear situaciones pedagógicas que le permitieran trabajar con todos los niños de en un aula multigrado, distintos  no solo en cuanto a edad sino en sus historias personales, todas con dificultades. Y Jesualdo lo hizo. (”Jesualdo”: Ese fue el nombre con que se lo nombra en la bibliografía pedagógica y que va en la portada de sus libros,  el más importante de los cuales es Vida de un maestro, en el que aparecen una veintena o más de niños notables, cuyo destino posterior no conocemos pero que nos dejaron un nutrido ramillete de sus creaciones líricas, que fueron publicadas en el libro “500 poemas de los niños de la a escuela de Jesualdo”). Como en otras partes, la historia se repitió: Jesualdo fue retirado de Canteras de Riachuelo pocos años después, aunque después fue reivindicado en otros puestos.

Luis F. Iglesias: La escuela rural unitaria
En Argentina, en una provincia de Buenos Aires, trabajó  Luis F. Iglesias. Entre los pedagogos que reseñamos, él tuvo más tiempo en su centro de trabajo: la Escuela N° 11, de Tristán Suárez, que era una institución unidocente. Aunque se había iniciado como profesor en una escuela urbana polidocente, en Buenos Aires, trabajó con empeño en la escuela de profesor único que congregaba niños provenientes de familias tamberas (aquellas que trabajaban en los tambos dedicados a la crianza de ganado y producción de leche). Movido por los retos de una sección multigrado, orientó el trabajo mediante los “guiones didácticos” para cada grado, conformados por hojas de trabajo, textos de lectura, ilustraciones, sugerencias de actividades individuales y grupales; armó un pequeño laboratorio para el aprendizaje en ciencias; promovió la escritura de los que se llamó  “cuadernillos de pensamientos propios” ,donde los niños escribían y dibujaban sus ocurrencias cotidianas en breves artículos que servirían de material de lectura, y más. Iglesias sistematizó sus experiencias en un libro valioso: La escuela rural unitaria, que tendría que ser consultado no solo por los docentes multigrado.

Elizardo Perez: La escuela ayllu de Warisata
Elizardo Pérez llegó con su nombramiento de profesor a la comunidad de Warisata. El nombramiento era curioso porque en Warisata no había escuela, solo el ánimo del dirigente indígena Avelino Siñani, que quería educación para su pueblo. Ambos, el campesino aimara y el profesor, iniciaron la construcción de una escuela que un lustro después se convertiría en un centro educativo ejemplar: la escuela ayllu de Warisata, centro del núcleo escolar de la región. La experiencia está descrita en otro artículo de este blog; por eso esta mención será breve, solo para resaltar esta vez la obra de Elizardo Pérez, maestro de mente abierta  y corazón esforzado, que en menos de siete años contribuyó a la creación de un modelo innovador para la escuela rural latinoamericana.

José Antonio Encinas: El centro escolar 881
En 1907 vuelve a Puno, su ciudad natal,  a hacerse cargo de la dirección del centro escolar 881, un joven profesor recién egresado de la Escuela Normal de Varones. Dos años de formación bastaron para que Encinas se imbuyera de las ideas de renovación que constituyeron la atmósfera de la escuela. En los siguientes cuatro años Encinas puso en marcha una escuela de nuevo perfil, de donde egresaron niños que constituirían después la flor de la intelectualidad del país. Pasado el tiempo, Encinas iría sembrando sabiduría pedagógica en escuelas y universidades de nuestro continente y de Europa, y escribiría un libro fundamental nacido de su experiencia en la escuelita cercana al Parque Pino de la capital puneña: Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú.

Hay otras experiencias notables, desarrolladas en muchas escuelas del escenario mundial, que podrían probar la tesis que sostengo en este artículo: la calidad de la educación en  una escuela puede ser conseguida pronto, dependiendo más del impulso de sus maestros y directores que de las reformas que se tendrían que producir en el sistema global. Pero he escogido experiencias habidas en lugares pobres, con escasos recursos, con personal docente incompleto, donde las ideas avanzaron con el viento adverso. Las condiciones en que surgieron podrían haberlas llevado al fracaso o por lo menos a una existencia rutinaria, que no hubiera sorprendido a nadie. Felizmente no fue así. Ahora mismo, en nuestro país, hay casos notables, que no he intentado presentar por el temor de dejar de lado testimonios ejemplares. Pero lo mostrado puede bastar para sostener que la calidad de la educación puede estar a la puerta.


[1] Como dato significativo anoto la coincidencia: en 1907 José Antonio Encinas inició sus labores docentes en la escuela 881 de Puno. El dato es importante para señalar que Encinas fue contemporáneo del movimiento de Escuela Nueva encendido en Europa y Estados Unidos: no fue, pues, un émulo, sino uno de sus creadores.

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