LA LECTURA ¿UN HÁBITO?

Manuel Valdivia Rodríguez

Con frecuencia nos encontramos con frases como estas: “Nuestros jóvenes no tienen el hábito de la lectura”, “La escuela debe formar el hábito de lectura” y otras parecidas. Estas afirmaciones aparecen reiteradamente en los medios de comunicación, dichas o escritas por personas que opinan sobre un asunto crucial en nuestros días. Pero la lectura está muy lejos de ser un hábito. Los hábitos son prácticas que se ejecutan con poco o ningún control de la conciencia, mecánicamente (El cepillado de los dientes puede ser un buen ejemplo de práctica habitual). La lectura, por el contrario, es un proceso cognitivo que pone en marcha funciones y operaciones mentales del mayor nivel, cuya eficiencia depende en alto grado del estado de alerta en que se pone el individuo cuando lee.

La escuela no puede, pues,  formar “el hábito” de la lectura.  Respecto de la lectura, a la escuela le competen tareas distintas. Una de ellas, la primera, es enseñar a leer (y empleo el término ‘enseñar’ con absoluta conciencia). Los estudiantes no aprenden a leer y a escribir naturalmente, como aprendieron a hablar: requieren de enseñanza. Se puede aprender a nadar viendo nadar a otros y haciendo lo mismo; pero no se aprende a leer viendo cómo leen los demás. Toca a los profesores organizar sistemáticamente actividades de aprendizaje para que los alumnos hagan suyas las múltiples estrategias implicadas en la lectura. Los estudiantes aprenden estas estrategias leyendo con sus profesores, para comprobar, en acciones reales, cómo se dan los pasos. Cada escalón de la lectura requiere, necesariamente, del trabajo docente. Así es a lo largo de toda la escolaridad.

En realidad, el aprendizaje de la lectura abarca todos los grados de la educación básica, cada uno con su propia responsabilidad. Lamentablemente, entre nosotros se cree que los niños aprenden a leer en los primero grados y que basta con eso. Esto es, sin duda, un craso error. La lectura entraña múltiples operaciones cuya ejecución no se aprende solo en los primeros grados. Se comienza, sí, con la comprensión literal, pero es preciso aprender mucho más: discriminar contenidos,  descubrir contenidos implícitos, procesar secuencias textuales diferentes, relacionar elementos del texto, inferir significados, resumir, sintetizar,  evaluar,  extrapolar, refutar, expandir, emplear técnicas auxiliares y mucho más. Solamente quien domina estas operaciones sabe leer. Por eso, en el fondo, el aprendizaje de la lectura, concebida de un modo integral, es responsabilidad de la educación básica. Mucho tiene que hacer la educación primaria, pero bastante  es lo que debe hacer todavía la educación secundaria[1].

Mirando las cosas desde otro ángulo, es cierto que muchas personas son ávidas de lectura. Leen siempre, pero no lo hacen por hábito. Unas leen mucho porque disfrutan con la lectura de poemas, novelas, cuentos, ensayos, cuya belleza enciende su espíritu y expande sus horizontes; otras leen frecuentemente porque ansían profundizar su conocimiento y ampliar su comprensión de las cosas. Estas personas frecuentan los textos de historia, de filosofía, de tecnología, de campos diversos del saber, y lo hacen con gusto porque ven enriquecido su conocimiento. Y hay quienes transitan, felices, por ambos terrenos; mas no por hábito. Muchas llegan a este punto por esfuerzo personal; todas debieran llegar por acción de la escuela, que a fin de cuentas, tiene el compromiso de formar personas cultas. La escuela proporciona las bases del saber personal y despierta intereses mostrando panoramas del mundo, al mismo tiempo que educa la sensibilidad para el aprecio del bien, de la verdad, de la belleza. Al hacerlo, se convierte en el lugar donde la lectura toma impulso, y con ello cumple otras de sus tareas.

Pero al hablar de escuela conviene un deslinde terminológico. La escuela es, como decía  Encinas: “…un cuerpo colegiado donde estudiantes y maestros colaboran en una perfecta comunión de ideas y de propósitos[2]”. En ese sentido ha sido empleada la frase en este artículo. La enseñanza y desarrollo de la lectura compete al conjunto de docentes de cada institución, a toda la escuela; no solo a los profesores de los primeros grados o a los profesores del área de “Comunicación”. Cada uno en su campo, cada uno en su tiempo, todos deben hacerse responsables de la parte que les toca en esta tarea. Y no como una cruzada que se emprende en un momento de crisis como el actual, sino como el proceder inherente a la acción educativa.

 


[1] Por eso los eventos de evaluación de PISA se realizan con alumnos de quince años, que es la edad en que se concluye la educación básica en muchos países europeos. El supuesto es que los institutos superiores y universidades ya no debieran ocuparse de la lectura, sino impulsar el uso intensivo de la misma como instrumento de construcción del conocimiento.

[2] Un ensayo de escuela nueva en el Perú (cap. II)

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8 Responses to LA LECTURA ¿UN HÁBITO?

  1. Estimado prof. Manuel:

    Saludamos la publicación del artículo muy acertado en lo que respecta a formar el hábito de la lectura. y a destacar el compromiso que deberíamos asumir todos los docentes en la motivación hacia la lectura.
    Saludos cordiales

    Equipo DEBAE Pedagógico

  2. Jackeline Salas Pocco dice:

    La lectura es el principal vehículo del aprendizaje, es una herramienta que genera cultura, humaniza, sensibiliza, nos brinda placer, nos hace más creativos, amplía nuestros horizontes.
    Pero en los colegios, lamentablemente se da la lectura a los estudiantes como un castigo, como un trabajo y lo hacen, sólo por cumplir, debemos incentivar el amor, la inciativa, la pasión por la lectura.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Estoy de acuerdo con usted, Jaqueline. Absolutamente. A veces, en la escuela hacemos lo contrario de lo debido, y con ello alejamos a los muchachos de la lectura … y de la escritura.
      Gracias por su comentario.

  3. rubén ramos dice:

    Interesante por el rescate que en el proceso del aprendizaje tiene la enseñanza. Pero, me pregunto si esto será suficiente tratándose niños pobres o como dicen en “extrema pobreza”, habida cuenta de que en el aprendizaje de la lectura “están comprometidos operaciones mentales del mayor nivel” que no crea que sea sólo “el estado de alerta”. Y si así fuera, ¿como podría uno de esos niños del área rural tener la posibilidad de estar “alerta”?.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Como siempre, tus intervenciones son retadoras. Como primer punto debo decirte que para muchos, muchísimos niños y adolescentes en nuestro país las respuestas desde el campo de la pedagogía serán siempre insuficientes. La pobreza crea un entorno que hace difícil la educación; más aun, la pobreza afecta al propio desarrollo físico y mental de los niños. Pero aun así hay que trabajar por brindar a esos niños una mejor educación. No podemos contentarnos con menos. En segundo lugar, estoy concentrándome en asuntos pedagógicos porque sé que se puede lograr mucho más de lo que estamos consiguiendo, aun dentro de las condiciones adversas. No hacerlo, es una renuncia imperdonable.
      Un abrazo fraterno, Rubén.

  4. Norma Violeta Cacho Guerra dice:

    Me aprece muy interesante´el tema y podríamos partir por reforzar el estúimulo a la lectura desde el Nivel Inicial,la lectura de imágenes, es fundamental para crear en los niños y niñas amor por el encuentro con los textos. Así mismo debe reeplantearse otras estrategias para desarrollar el Plan Lector, empleando el cuaderno viajero, alforja viajera, pero con lecturas de interés de los niños.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Así es, Norma. Recuerdo una frase muy significativa (lástima que no recuerdo quién la dijo): “Debemos conseguir que nuestros niños sean lectores antes de comenzar a leer”. Y este es uno de los retos para la Educación Inicial: acercar a los niños a los libros, con muchas actividades como las que usted menciona y creando un entorno amigable, con abundancia de materiales que los niños puedan hojear, comentar, llevar a sus casas.
      Muchas gracias por sus ideas.

  5. César Achanccaray Ccopa dice:

    Respecto al hábito de lectura en nuestro medio es escaso solo se lee para presentar un trabajo, para un examen y ahí queda todo. Por lo que no se tuvo una comprensión de lectura significativa.Para que esto ocurra hay factores que intervienen en la lectura como: en lo psicológico la autoestima y la concentración que en nuestros niños está venido a menos por los medios de información que nos presentan escenas de violencia; así mismo en lo biológico la salud y alimentación de los educandos se atiende mínimamente para sobrevivir o se tiene una dieta que no nutre su cuerpo; en lo social los padres de familia le dan poca importancia a la educación de sus hijos, y los maestros también no aplicamos como debe de ser una estrategia que permita que los niños comprendan lo que leen. Todos estos factores se presentan como deficiencias para tener éxito en la comprensión lectora y cultivar unhábito en los educandos a pesar que tienenen la misma edad cronológico cada uno es único,valioso, importante y diferente.

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