TEMORES Y ESPERANZAS SOBRE EL PLAN LECTOR

Manuel Valdivia Rodríguez

Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo,
ambos ojos en la playa…

Góngora

Cada lector entabla una relación particular con los libros que lee. Por eso, las historias personales en cuanto a la lectura, como en muchas cosas, son disímiles. Pido permiso para contar tres de las mías. Una, la lectura de Narciso y Goldmudo, de Herman Hesse. Debo haber leído el libro dos o tres veces, pero no sucesivamente. Avanzaba un párrafo, tan henchido de sugerencias, tan pleno en belleza formal, que no podía resistir la tentación de volver a leerlo,  y así, página tras página. Dos, la de La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, que devoré de un tirón, postergando todo, hasta labores de trabajo,  porque no podía dejar un libro que ponía ante mis ojos una época terrible de la historia latinoamericana. Tres, la de El perfume, de Patrick Süskind, una novela sobrecogedora que me atrapó pero que debí seguir con largos descansos, porque el ánimo conturbado no puede tolerar una lectura continuada.  Así sucede con los libros, que son como seres vivos que nos obligan a aproximaciones diferentes, que se nos imponen o se nos rinden, pero siempre de modo distinto.

Esto me lleva a dudar de las formas como se está desarrollando en muchas instituciones educativas el programa denominado Plan lector. En principio, un plan lector es un programa de lectura fuera de aula, que supuestamente deja libertad a los niños y adolescentes para que dediquen momentos  en casa para leer libros que ellos mismos escogieron. La esperanza es que disfruten de esos momentos y vayan formando con ello su sensibilidad para la belleza de lo escrito. Tal vez uno de ellos los lleve a hacer de la lectura una parte de sus vidas.

Pero en el desarrollo de este plan se producen diversidad de casos, muchos de los cuales conspiran contra la lectura y conllevan el peligro de producir lo contrario de lo que se espera.

Está, por ejemplo, la hora de lectura. Una hora académica semanal, prefijada en el horario escolar, durante la cual todos deben leer. Los alumnos inician la lectura cuando comienza la hora –tengan deseo de hacerlo o no- y la suspenden cuando toca el timbre, sea cual fuere el ánimo del momento.  Es preciso cerrar el libro y pasar a otra cosa.

Está también la lectura a plazo fijo. Para tal fecha del mes, todos deben haber leído el libro que les tocó, como una carrera de hipódromo. Cumplido el plazo, hay que cambiar el libro, para leer el que corresponde a mes siguiente. Así, hasta saldar una deuda que nadie contrajo sino que fue dispuesta por alguna autoridad del plantel.

Están los trabajos complementarios. Al terminar la lectura del libro, es preciso llenar la ficha correspondiente, o escribir un resumen, o cumplir con una tarea de vocabulario, o “dibujar lo que más te gustó”, que se han de entregar como constancia de que se ha leído el libro.

Así como estas, hay otras. Felizmente no todas perjudiciales. No faltan maestros que abren círculos de comentarios y discusiones, que promueven la creación de textos de tono individual (comentarios, cartas, diálogos, desenlaces distintos, retratos de personajes.); que permiten que cada alumno decida lo que lee, aunque sea un libro sobre autos de carrera Fórmula 1 o sobre su cantante preferido; que fomentan exposiciones murales; que invitan a un autor para dialogar con él en el colegio, etc. Los hay, pero son pocos: tal vez ellos consigan que sus alumnos, en algún momento, sientan ese deslumbramiento que enamora y que despierta el gusto insaciable por la lectura. Los otros, tendrán a sus niños como los galeotes mencionados en el romance de Góngora, amarrados a la silla de la biblioteca, con un libro en la mano pero soñando con otra cosa.

Lima, junio 2010

7 respuestas a TEMORES Y ESPERANZAS SOBRE EL PLAN LECTOR

  1. Querido Manuel:
    Había perdido la dirección del blog, gracias por compartir tus pensamientos a través de “gaceta de educación y pedagogía”, aunque a la distancia compartimos los mismos intereses.
    Un abrazo desde Barcelona, y..seguimos en contacto, Pd: me he suscrito a tu blog para no volver a perderte.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Me alegra, Paloma, que hayas encontrado mi blog. Esa es una de posibilidades que ofrece Internet: de conectarnos con amigos que se hallan tan lejos, como tú en España.
      Un abrazo,

      Manuel

  2. Fernando dice:

    Concuerdo contigo, Manuel. Se necesita más creatividad para hacer de la lectura una experiencia interesante, que despierte la curiosidad, y no una exigencia vacía y muerta. Yo recuerdo, cuando estaba en secundaria, un profesor que nos leía historias, como en capítulos. Nos tenía intrigados y a la expectativa de qué iba a pasar cada vez. Como tú, los libros que más han marcado desde joven son aquellos que he leído con interés y pasión.
    Fernando

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Fernando:
      La frase es exacta: la lectura, una experiencia enriquecedora. Los maestros debemos cuidar que sea así. Somos en eso, los primeros, más que los padres y otros actores de la educación. A veces basta una experiencia escolar para encender el aprecio por la lectura. Pero a veces ¡Ay! basta una sola para apagarlo.
      Un abrazo,
      Manuel

  3. Eduardo A. Chamorro dice:

    Estimado Manuel:
    Te felicito por los interesantes artículos que estás escribiendo. El amor a la lectura se adquiere a muy temprana edad cuando los niños tienen el ambiente hogareño o el ambiente escolar adecuado. Aveces encuentro algunas ensayos políticos, otros artículos densos de temas económicos y novelas de suspenso en castellano o en inglés tan bien escritos y meditados, que es difícil dejar la lectaura para hacer otra actividad.
    Un saludo muy cordial desde Sacramento, California.
    Eduardo A. Chamorro

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Gracias por tu opinión, Eduardo. Lo que dices sobre la lectura es cierto. La infancia es, de hecho, la edad más propicia para un acercamiento a la lectura. Pero también sucede que, a cualquier edad, el encuentro con un libro valioso puede puede conquistarnos para siempre. Y no estamos hablando solo de literartura. Como dices, pueden ser textos de economía, de política, de ciencia. Recuerdo que en La Cantuta, por influencia de ustedes, los matemáticos, se me dio por leer textos de Dantzig, Russell, Whitehead, y la impresión me queda todavía. Qué bueno. Un abrazo para ti, para ustedes.
      Manuel

  4. […] El segundo artículo se titula : Temores y esperanzas sobre el plan lector.Para acceder al artículo hacer clic aquí […]

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