EL NIÑO QUE “SABÍA” LAS CAPITALES: la memoria

Manuel Valdivia Rodríguez (*)

La difícil situación económica de muchos ha despertado el ingenio de la gente para conseguir unas monedas. Cada vez que viajamos en algún vehículo de transporte público podemos ver a cantantes, malabaristas, hasta magos, y vendedores de caramelos, calcomanías, cancioneros y otras baratijas. Pero una de las formas más ingeniosas que he alcanzado a ver es ésta que voy a describir, mostrada justamente en un ómnibus limeño: Una señora y un niño de seis o siete años subieron al ómnibus; la señora se fue hacia atrás y el niño quedó delante de los pasajeros. La mujer, que dijo ser la madre del niño, comenzó a hacer preguntas que el niño respondía prestamente: ¿Cuál es la capital de Inglaterra?: ¡Londres!; ¿cuál es la capital de Rusia?: ¡Moscú!; ¿cuál es la capital de Italia?: ¡Roma!, y así con muchos países más. Al terminar la demostración, el niño pasó con una bolsita por los asientos y los viajeros se apuraron a obsequiar con algún sencillo “a este niño que sabía tanto”.

Era evidente que el pequeñín había memorizado las respuestas y seguramente estaba muy lejos de entender aquello de que algún sitio fuera la capital de una nación. Lo que demostró fue solamente que tenía prendidas en la memoria unas cuantas informaciones, nada significativas para él. No pretendo, sin embargo, criticar a la madre y al niño que conseguían una propina de modo tan original. Lo que quiero hacer es, simplemente, mostrar, con un ejemplo ligero, lo que es el aprendizaje memorístico, totalmente descalificado por la pedagogía.

Lo que dice la teoría es que todo nuevo conocimiento, para ser realmente tal, necesita insertarse en estructuras o esquemas que el sujeto ya posee. Cuando encuentra su lugar en ellos pasa a ser un conocimiento genuino, porque ellos le otorgan sentido. Estos esquemas no nacen con el sujeto; éste los va construyendo a medida que avanza su experiencia de los objetos, procesos y acontecimientos con los que entra en contacto por diversas vías. Además, no son estructuras fijas, invariables, pues responden a una dinámica de permanente mutación. Toda nueva información los afecta. Una nueva información puede producir incluso una reestructuración total, que no los destruye sino que los actualiza.

Pero no me ocupo de este asunto para presumir de informado sobre teoría del aprendizaje. Lo que quiero es salir al paso de aquellos que niegan el valor de los conocimientos como contenidos de aprendizaje y que tachan el currículo apenas aparece mencionada en él una prescripción de carácter cognoscitivo. Porque no faltan teóricos que quisieran limpiar el currículo de toda mención capaz de atraer definiciones, leyes, explicación de procesos, nombres y datos, que son  conocimientos, con lo cual le quitan a la escuela una de sus tareas.

En efecto, muchas veces se dice que los conocimientos no son importantes porque se hacen obsoletos muy pronto; que lo importante es saber qué se hace con la información, la cual, a fin de cuentas, puede ser hallada ahora más fácilmente que nunca, puesto que hay libros y computadoras a la mano; que mejor es ayudar a los educandos para que “aprendan a aprender”. Y diciendo todo ello, se pretende quitar valor al aprendizaje de conocimientos y se critica con rigor los currículos, los textos escolares y el accionar de los docentes cuando éstos les prestan atención.

Es absolutamente cierto que los estudiantes deben manejar herramientas intelectuales que los ayuden a realizar un aprendizaje autónomo, base de la educación permanente a que todos aspiramos; es absolutamente cierto que los estudiantes deben estar en preparados para moverse dentro de un mundo de conocimientos que no sólo cambia sino que se acrecienta en una forma tal que nos abruma. Pero también es cierto –absolutamente cierto- que deben disponer de un cimiento para asentar lo nuevo, y que este debe estar formado, precisamente, por un corpus de conocimientos. Este cimiento no puede ser caótico ni improvisado. Es producto de una educación bien planeada -en la cual  participan los educandos como los principales actores- que debe permitirles construir las estructuras iniciales que les servirán como terraplenes para la construcción de un bagaje intelectual propio. Conocimientos de ciencia, de historia, de geografía, serán siempre necesarios, por muy mudables que fueren. No serán, como se pensaba antes, lo principal y único de la tarea educativa, pero tampoco serán solamente un pequeño saldo del trabajo formador de habilidades. La conjunción de saberes nocionales y saberes procedimentales es ahora nuestro ideal, a lo cual se agrega un conjunto de actitudes, comportamientos y valores que hagan de los educandos miembros fraternos de su comunidad. Sólo así podemos hablar de un currículo integral.

(* Me ha sido imposible escribir un nuevo artículo esta semana. Por ello, reproduzco uno que escribí hace un tiempo pero que, creo, conserva su actualidad. Pido disculpas por ello.)

14 respuestas a EL NIÑO QUE “SABÍA” LAS CAPITALES: la memoria

  1. Carmen Límaco Abuhadba dice:

    Estimado Manuel:
    Un artículo escrito hace un tiempo como dices, pero que es vigente, gracias por contribuir al cambio de una manera tan singular: mensajes claros, amenos y recuerdos de otras épocas que no fueron mejores pero si diferentes y que siempre evocaremos con cariño

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Estimada Carmen:
      Gracias por tu mensaje. Preocupa mucho que algo escrito para otro momento tenga validez aun: eso significa que muchas cosas no han cambiado. Pero tenemos que seguir, apostando siempre por una menjor educación para nuestros niños.

      Un abrazo,

      Manuel

  2. NATALIA MEDINA dice:

    Estimado Manuel:
    Empece a leer uno de tus escritos y no pare hasta leer casi todos, como tenía que seguir con mis actividades los dejé para más tarde. Sin embargo, te puedo decir que en cada uno de tus escritos se puede recoger tantas buenas prácticas que las escuelas deben incorporar. Comenzaremos con Pachacútec, le comente a Vicky y de hecho esto será parte de nuestro repertorio teórico y práctico.
    Un abrazo y gracias por compartir tanto siempre.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Me alegra mucho, Natalia, que pienses que las reflexiones que comparto puedan ser útiles para tu trabajo, el de Vicky y el de los compañeros del proyecto que diriges. Trabajas en Pachacutec, allí donde ya está comenzando el frío, con escuelas adonde asisten niños afectados por la pobreza. Si allí sirve lo que sale de mi experiencia y de mi preocupación, eso me anima sobremanera.
      Un abrazo,
      Manuel

  3. Fernando dice:

    Hola, Manuel. Yo soy uno de los niños que se aprendió las capitales de los países cuando estaba en la primaria. No lo hice por necesidad, como el niño de tu historia, sino por gusto, porque me encantaba la geografía y los mapas, y las aprendí como jugando, y no me las olvidado (claro, fue antes de que la Unión Soviética se disolviera, así que hay todo un grupo de países nuevos cuyas capitales no llegué a aprender)
    Como dices, no hay que menospreciar el aprendizaje memorístico. Es cierto que algunos creen que hoy sólo sirve para hacer los crucigramas de El Comercio, pero no puede haber aprendizaje significativo sin memoria. Lo clave, sin embargo, es no caer en el aprendizaje repetitivo, mecánico. Si no hay gusto, deleite, pasión, ya sean los métodos tradicionales o los nuevos no tienen sentido. Mis hijos han memorizado algunas poesías que yo aprendí de memoria, que me enseñó mi madre y a ella la suya. No es sólo un texto más; es algo que conecta a varias generaciones. Esos son los tipos de contenidos que vale la pena memorizar, y !qué facil les es a los niños cuando tienen interés!
    Saludos

    Fernando
    http://intrigapersonal.wordpress.com

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Gracias, Fernando, por tu comentario. Estoy contigo en esa reinvindicación de la memoria, que de paso significa un rechazo del aprendizaje memorístico, el que a fin de cuentas no es aprendizaje. Todos necesitamos como parte de nuestra cultura personal un cúmulo de conocimientos gracias a los cuales podemos comprender la realidad y orientar nuestra actuación en ella. Y qué bien que menciones el aprendizaje de poemas, que, si son bellos, nos acompañan toda la vida. Una medida tan sencilla como esa, compartiendo con los niños poemas que nos deleitaron, puede enriquecer sus vidas. Gracias de nuevo, Fernando.

  4. Rossana Peña dice:

    Estimado profesor Valdivia:
    Sus escritos me parecen muy interesantes.Gracias por contribuir a la educación con su experiencia y sabiduría.
    Que Dios lo bendiga,
    Rossana

  5. Lidia Guzmán Letona dice:

    El titular del artículo parece que cuestionaba la memorización, cómo la memoria puede ser un factor que interfiera algo, por supuesto si no hay comprensión de lo que se almacena, de lo que se dice, la memoria sirve muy poco, no estimula el pensamiento, no genera conocimientos, pero estimula el lenguaje.

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Me alegra, amiga Lidia, que luego de leer el artículo comprobara que coincidimos en la valoración de la memoria, una función sin la cual es imposible la vida intelectual. Como usted dice, una cosa es guardar un conocimiento activo en la memoria, y otra la memorización de elementos sin una previa comprensión de los mismos. Incluso, bien atendida, hasta la memorización es buena. Saludos cordiales.

  6. Vásquez Haya Marinelly dice:

    Es un artículo que tiene vigencia y la seguirá teniendo mientras no tomemos conciencia de que, cómo y para qué debemos enseñar…

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Gracias por su comentario, Marinelly. Un poco tardías, lo sé, pero recién descubrí en Word Press que podía ver comentarios de mis lectores. Muchos saludos.

  7. Marinelly dice:

    Como maestra de secundaria del área de matemática, asumí el reto de cambiar la actitud de mis estudiantes para poder desarrollar capacidades matemáticas, entonces comencé a utilizar ciertos recursos entre ellos material concreto y específicamente el lúdico, sin embargo siempre estuve atenta a no descuidar los conocimientos. Considero que las estrategias y recursos que utilizo para enseñar sirven para que los nuevos aprendizajes sean significativos, si bien es cierto son importantes pero no son el centro de mi práctica pedagógica
    Gracias por el aporte que hace a la educación, Sr. Manuel Valdivia

    • Manuel Valdivia Rodríguez dice:

      Estimada Marinelly: Comparto en todos sus puntos lo que usted dice. Señala usted los tres aspectos de una unidad indisoluble, que comprometen la tarea de los profesores: conocimientos, capacidades, actitudes. En educación sería perjudicial separarlos. Es cierto que hay mucho que ahondar en cada campo, mediante una reflexión libre de prejuicios, pero parece peligrosa aquella posición de ciertos teóricos que menosprecian los conocimientos diciendo que se hacen rápidamente obsoletos, que no todos son útiles, que nadie sabe cuáles permanecerán, etc. Le agradezco mucho su intervención.

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