LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN PUEDE ESTAR A LA PUERTA

diciembre 13, 2011

Manuel Valdivia Rodríguez

Durante el siglo pasado –en verdad, todavía cercano- se desarrollaron en el mundo muchas  experiencias de innovación pedagógica que derivaron pronto en lecciones ejemplares. Lo común a todas es no que les tomó mucho tiempo para que cobraran forma y comenzaran a irradiar luces que todavía nos llegan. Sobre la base de esas experiencias quiero decir que lograr un mejoramiento sustancial en las aulas y en las escuelas no tiene que esperar a la transformación de todo el sistema educativo, tarea que puede ocupar varios lustros. Leer el resto de esta entrada »


NO APRESURAR EL CALENDARIO EDUCATIVO DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

diciembre 4, 2011

Manuel Valdivia Rodríguez

En la inauguración de la conferencia  “Investigaciones sobre la autonomía de los bebés, niños y niñas: Alcances para la atención y educación[1], la Ministra de Educación, Patricia Salas O’Brien, se dirigió a los profesores y padres de familia, y dijo, tajantemente: “No apresuremos el calendario educativo de los niños y niñas en el aprendizaje de la lectura y escritura”. Fue bueno que lo dijera, pues en muchos centros de educación inicial se introduce prematuramente a los niños en el aprendizaje de rudimentos de lectura y escritura. Se lo hace prematuramente y, lamentablemente, muy mal. Varias son las observaciones que se puede levantar respecto de esa iniciación defectuosa. Entre otras, las siguientes son a nuestro juicio las principales. Leer el resto de esta entrada »


TEMORES Y ESPERANZAS SOBRE EL PLAN LECTOR

junio 7, 2010

Manuel Valdivia Rodríguez

Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo,
ambos ojos en la playa…

Góngora

Cada lector entabla una relación particular con los libros que lee. Por eso, las historias personales en cuanto a la lectura, como en muchas cosas, son disímiles. Pido permiso para contar tres de las mías. Una, la lectura de Narciso y Goldmudo, de Herman Hesse. Debo haber leído el libro dos o tres veces, pero no sucesivamente. Avanzaba un párrafo, tan henchido de sugerencias, tan pleno en belleza formal, que no podía resistir la tentación de volver a leerlo,  y así, página tras página. Dos, la de La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, que devoré de un tirón, postergando todo, hasta labores de trabajo,  porque no podía dejar un libro que ponía ante mis ojos una época terrible de la historia latinoamericana. Tres, la de El perfume, de Patrick Süskind, una novela sobrecogedora que me atrapó pero que debí seguir con largos descansos, porque el ánimo conturbado no puede tolerar una lectura continuada.  Así sucede con los libros, que son como seres vivos que nos obligan a aproximaciones diferentes, que se nos imponen o se nos rinden, pero siempre de modo distinto.

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EL NIÑO QUE “SABÍA” LAS CAPITALES: la memoria

mayo 24, 2010

Manuel Valdivia Rodríguez (*)

La difícil situación económica de muchos ha despertado el ingenio de la gente para conseguir unas monedas. Cada vez que viajamos en algún vehículo de transporte público podemos ver a cantantes, malabaristas, hasta magos, y vendedores de caramelos, calcomanías, cancioneros y otras baratijas. Pero una de las formas más ingeniosas que he alcanzado a ver es ésta que voy a describir, mostrada justamente en un ómnibus limeño: Una señora y un niño de seis o siete años subieron al ómnibus; la señora se fue hacia atrás y el niño quedó delante de los pasajeros. La mujer, que dijo ser la madre del niño, comenzó a hacer preguntas que el niño respondía prestamente: ¿Cuál es la capital de Inglaterra?: ¡Londres!; ¿cuál es la capital de Rusia?: ¡Moscú!; ¿cuál es la capital de Italia?: ¡Roma!, y así con muchos países más. Al terminar la demostración, el niño pasó con una bolsita por los asientos y los viajeros se apuraron a obsequiar con algún sencillo “a este niño que sabía tanto”.

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